Estados Unidos 46 09
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El futuro de Groenlandia e Islandia. El problema de las bases La SI 14/09/46 p. 1-2
El discurso de Mr. Byrnes La SI 14/09/46 p. 2
Las cosas de Wallace La SI 21/09/46 p. 5-6

            a) El ministro de Comercio, Wallace, es uno de los personajes que hay que tener en cuenta. Es nuestro conocido. Se diferencia de los demás políticos en que no es político, sino hombre cordial y estadista. Siempre merece una personalidad ser estudiada sincera e imparcialmente. Cuánto más Mr. Wallace. Por esto, al llegarse a Chile, le tuvimos que dedicar un pequeño estudio, que estamos seguros que –en lo malo y en lo bueno, que es lo más- era desinteresado, imparcial y justo. Por lo menos (y ello es mucho) él lo creyó imparcial y justo, lo cual es mucha ecuanimidad de su parte.
            Todos los días hablan los políticos de Norte América tanto, que parece como que las cosas andan trastrocadas y que Andalucía se ha trasladado a orillas del Potomac. Hablan tanto, que uno ha de hacer la vista gorda. Porque acostumbran ser sus habladurías sin interés, cuando no faltadas de todo buen sentido. Los norteamericanos tendrán que aguzar la vista y mandar al futuro Congreso nuevos hombres, un poco más cimentados y menos habladores.

            Pero hay que hacer una excepción, al menos, y es cuando habla Mr. Wallace. Es hombre de pocas palabras, lo cual no quiere decir que no sea jovial y afectuoso. Cuando él habla, hay que marginar sus palabras. Ellas son pocas y pensadas.

            Ultimamente habló por medio de su pluma.  Y escribió el  libro “60 millones de empleos”.  Con una cosa curiosa: los norteamericanos no lo han entendido todavía. Mr. Wallace, hombre cuya vista aguda mira al Mañana (que mañana será el Hoy), mira ese Mañana con serenidad, pero con aprensión. El ve, por ejemplo, el problema de la Desocupación, que es la espada que pende sobre Estados Unidos actualmente. Y, tal como preveía el enorme peligro, habló o escribió. Los críticos de allá casi pasaron por alto la profunda advertencia. Y ahora, enredados por el estado (temporario) de Europa necesitada, esos críticos ante el trabajo norteamericano, han olvidado el libro de Wallace y aún hay algún infeliz que ha osado afirmar que el estadista se ha equivocado.

            Pero, dejemos ese libro, y la incomprensión que acerca de él, y de Wallace, tienen los norteamericanos mismos. Y vengamos al caso actual.

            México ha inaugurado una nueva legislatura. México es uno de los pueblos que dan miedo a Estados Unidos, porque unos eran los deseos de EE.UU. sobre México y otra ha sido la realidad y el plantar cara de México a las pretensiones de la política invasionista norteamericana. Sobre todo, desde el episodio del petróleo, tratan en Washington a México como un pueblo muy difícil, tanto casi como la Argentina.

            En la apertura  del nuevo ciclo de sesiones, invitados los diplomáticos, y también el gobierno norteamericano, es lógico que fuese enviado allá el ministro de Relaciones, o, en su defecto, el vice ministro. Pero el ministro está en Europa y el vice ministro es Spruille Braden, que no lo hizo muy bien, que digamos, en Cuba, y menos todavía en Argentina. Saltando, pues, sobre las costumbres, Mr. Truman ha escogido –y ha hecho bien- al ministro de Comercio para delegado suyo. Porque, en realidad, no es el ministro de Comercio, sino Mr. Wallace, el único que puede andar sin sobresaltos por esos pueblos, de los cuales tiene una noción exacta, y a los cuales profesa manifiesto respeto.

            Ha pasado para América hispana la época de recibir del exterior a sirvengonzones. Los tiempos han cambiado, y no a favor de ceder derechos, sino de afirmarlos. Y Mr. Truman ha hecho bien en fijar sus ojos en el ministro de Comercio, para estar seguro de que sería muy difícil, por no decir imposible, que ese notable metiese la extremidad inferior, empeorando las cosas.

            Mr. Wallace ha llegado a México y ha pronunciado un corto discurso. El eje de su perorata ha sido éste: “Estados Unidos no es un país imperialista, sino que quiere estar bien y favorecer a todos los países del mundo. No ambiciona nada”...

            Con la venia de Mr. Wallace, pedimos la palabra.

            b) Ahí están, en un mapa y en esta misma página, tres países:Groenlandia e Islandia centradas dentro de Norteamérica.