Estados Unidos 47 01

La bomba en el pasado y el futuro La SI 04/01/47 p. 3-4
La superdictadura de Roosevelt La SI 04/01/47 p. 4
Va avanzando el cáncer de la desocupación La SI 11/01/47 p. 2-3
Sumner Wells disparata La SI 11/01/47 p. 3-4
Mr. Byrnes cae envuelto en una nube de palabrería La SI 25/01/47 p. 3-5

a) Todo el mundo habla de la bomba atómica. Menos mal, que pueden hablar de ella. Porque, en cuanto comience a hacer sus anchas ese bicho, será cuando no se pueda hablar de él, porque no se acostumbra hablar después de una defunción de nuevo cuño.
            El pasado de la bomba atómica es breve, pero tormentoso. Quiero decir, el uso, no el invento mismo. Cuesta millones de dólares el fabricarla, pagando dolorosamente los ciudadanos, ricos y pobres.
            Una vez fabricada (hay que repetirlo), y sin conocer esa fabricación, los japoneses se rinden ofreciendo someterse. No se acepta su sumisión incondicional, porque hay dos sensibles y delicados políticos (jefes de la democracia) que tienen destinadas 300.000 personas al matadero. Se tira sobre los rendidos, delicadeza ahora histórica, nunca antes vista. Una vez 300.000 niños, mujeres, ancianos y enfermos caen y desaparecen hechos trizas, se sabe que hay una bomba atómica y que la prueba ha sido hecha delicadamente sobre 300.000 conejos humanos.
            Los norteamericanos, de todos los partidos y de todas las ideas, aplauden la carnicería. Los verdugos son los hombres más delicados del mundo, y los más democráticos. Hasta ciertos españoles, que lloraron fervorosamente sobre Guernica, bailan ahora de puro contentamiento.
            Y este es el pasado de la Bomba atómica.
            No extrañe el lector que eso (pocas líneas) hubiese sido dicho ya en estas columnas. El arte de la repetición es parte de la didáctica. Y la repetición de esa noticia tan delicada habrá que recordarse a menudo, hasta 7 veces 7 cuando menos, para eterna memoria de la delicadeza de ciertos hombres (y de ciertos pueblos) que bajo la piel rosada y amable, agitan alguna víscera de rara confección.
            Y esos señores, pulidos y archidemocráticos, cuelgan de la horca a varios enemigos, porque han cometido ese horrendo pecado, según ciertos jueces que actuaron, al parecer, en Nuremberg: “Han decretado la muerte segura sobre mujeres, niños y otra población civil inocente...”
           
            Ante ese pasado de la bomba atómica ¿qué diremos de su porvenir? No decimos: “¿qué será de la bomba en el porvenir?”, sino “ante ese pasado ¿qué será del porvenir de la bomba atómica?”
            Porque dice la historia crítica que debe juzgarse por datos precedentes, según experiencia. Y el pasado son los “datos”, y la delicada muerte de 300.000 infelices ciudadanos es la experiencia. Para juzgar el porvenir de alguien, o de algo, hay que acudir a lo visto en el pasado. Es la regla necesaria para estudiar algo referente a cualquiera fenomenología, según postulado de toda ciencia natural.
            El futuro accional de un instrumento no le pertenece a él, sino a los que lo manejan. Un cuchillo parece ser cierto que no se mueve por sus propias patas, sino por el puño que lo maneje. No hay que preguntar, por tanto, como hacen ciertos periodistas, “cuál es el porvenir de la bomba atómica”, sino “cómo son capaces de usarla los puños insensibles de los “caballeros” que deben manejarla”. La bomba, todas las bombas posibles, no parecen tener voluntad para ser usadas como a ellas se les antoje.
            Es, por lo mismo, absurdo hablar y buscar “cómo se usarán las bombas en el porvenir”. La pregunta, realmente, es ésta: “¿Cómo usarán las bombas atómicas los que las usaron matando en minutos 300.000 inocentes?”.
            La pregunta queda contestada antes de formularla. Así como un cuchillo sirve para cortar, y una cuchara para sorber líquidos, y san Francisco para hallar compasión  ante un pajarillo o ante un lobo feroz, los que mataron a 300.000, delicadamente usando la bomba, son los mismos que, en una circunstancia igual, matarán a 3.000.000 en el porvenir.  Quiero decir: tres millones, o trescientos millones de niños, mujeres, ancianos y enfermos...
            La prensa –ciencia de lo inútil y de la mentira- suele preguntar ahora “cómo se usará la bomba atómica en el porvenir”. Hasta un niño de tetas respondería la verdad, que ese periodismo infantil (sangrientamente infantil) no acierta a comprender: “los que usaron la bomba de una manera, la usarán igualmente de la misma manera”.
            Es inútil, por lo mismo, cuanto se especule sobre “lo que se hará, o lo que no se hará con la bomba”, y que se hable acerca de sus posibilidades. Con Tratados o sin Tratados, con Acuerdos o sin Acuerdos, con firmas o sin firmas, la bomba se usará tal como la usaron ya los delicados corazones de los dictadores bárbaros, sin oírse voces, en sus pueblos, que eficazmente protestasen.       


 
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Marzo de 1943
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Mapa 2 del 20 de Marzo de 1943

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Mapa 4 del 06 de Marzo de 1943

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Mapa 2 del 27 de Febrero de 1943

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Mapa 1 del 06 de Febrero de 1943

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