2 Introducción
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                                               INTRODUCCION  (1997)

            A Juan Bardina Castará (27/05/1877-10/07/1950), español y catalán de origen, chileno de adopción, el autor de estas líneas lo conoció de oídas bastante años antes que se propusiera investigar su vida y obra. Efectivamente, tuvo oportunidad de escuchar en no pocas ocasiones a un familiar próximo, Guillermo Garnham López, referirse a aquél en términos muy elogiosos(1). Sus expresiones enaltecían en Bardina, a la vez que su talento, el haberse preocupado intelectual y doctrinariamente de la cuestión social, bastante tempranamente, ya que había expuesto reiteradamente su pensamiento sobre la materia en diversos órganos de la prensa chilena al cabo de poco tiempo de haber arribado a Santiago, a fines de 1917.
            A este pariente, treinta años menor que Bardina, se le había presentado la ocasión de conocerlo en el Seminario San Rafael, del cual había sido alumno. Bardina, radicado desde fines de 1921 en Valparaíso, iba a consultar los libros de la Biblioteca del plantel, utilizando las revistas del colegio, BOY y LUX, como medio de expresión de artículos sobre asuntos educacionales -los cuales ocupan un lugar destacado entre las numerosas páginas que publicó acerca de la materia en diarios y revistas nacionales, durante su primer quinquenio de vida en Chile. Pese a la diferencia de edad, se estableció desde entonces entre ambos un trato que culminó en una estrecha, sólida e ininterrumpida amistad, reforzada por haberse convertido aquél posteriormente en un cercano colaborador suyo en La Semana Internacional, hasta que la revista se extinguió, tras la enfermedad que condujo a Bardina a la muerte.
            Inquietos a parejas por los asuntos sociales y políticos y, comulgando con un núcleo de importantes principios básicos, Bardina y su colaborador difirieron, sin embargo, en no pocas apreciaciones respecto a ambos campos. No obstante, aquellas divergencias a lo largo de  sus frecuentes intercambios de ideas y a veces prolongadas conversaciones, nunca alteraron la estimación que recíprocamente se tenían. Y menos disminuyeron, más bien robustecieron, la admiración altísima del segundo por la valía intelectual y moral del primero.
Dicho pariente, bastantes años después de haber fallecido Bardina, me sugería estudiar su pensamiento social y político -vertido en La Semana Internacional-, considerando el tema de interés por dos motivos. Primero, por el enfoque o sello personal con que lo abordó, fruto de su vigor intelectual. Segundo, por haberlo manifestado tempranamente, como antes lo señalé. El no encontrarme competente para afrontar el tema debidamente, me llevó a eludirlo sin más. Y así, por mucho tiempo, el nombre y la persona de Bardina quedó ubicado, merced al superficial conocimiento que de él tenía, apenas en un cono de sombra dentro de alguno de los rincones de mi memoria.
La circunstancia que me movió a cambiar de actitud y que despertó mi interés -un real y potente interés- por la vida y obra de Bardina, data de casi un lustro atrás. Se presentó con ocasión de haber estado Juan Carlos Campbell Esquivel, colega y profesor del Instituto de Educación UCV, realizando estudios de perfeccionamiento en la Madre Patria, de Doctorado precisamente, en la Universidad de Navarra. Era Director del Departamento de Educación en esta Casa de Estudios el sacerdote Emilio Redondo, a la vez catedrático de Pedagogía en la Universidad  de Barcelona.  Pocos años antes, un grupo de profesores de esta última había culminado una investigación en Historia de la Educación, centrada en la vida y obra pedagógica y educativa de Juan Bardina Castará, en razón a haberse cumplido en 1977, cien años del nacimiento de éste. Esa investigación perseguía actualizar su persona y obra en Cataluña a comienzos del siglo, caída en el olvido, no obstante lo singular, notable,  multifacética, denodada y entusiástica que había sido su actividad en el campo de la pedagogía y educación. Fruto de aquella fue el libro “Joan Bardina. Un revolucionario de la Pedagogía Catalana” -cuyo preámbulo lo encomiaba en estos términos: "al que tanto debe la Pedagogía Catalana del primer tercio de siglo"-, editado por la Universidad de Barcelona, en 1980, que contenía los trabajos realizados