Estados Unidos 47 10 25
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La antidemocracia en Estados Unidos. Los negros norteamericanos gritan La SI 25/10/47 p. 2-3
Alaska La SI 25/10/47 p. 3-4

            a) Los que nos ensordecen los oídos hablando de la “gran Democracia norteamericana” y otras hierbas semejantes ¿qué dirían si les noticiásemos que hay en Estados Unidos provincias (Estados) de 10 millones de habitantes en que no tienen voto más que un millón, una veintena de individuos de cada cien dictatorializando sobre los restante 80? ¿Qué de un país en que el voto se cifrase, no sobre la dignidad humana, sino sobre el color de la piel y el que se pague más o menos contribución?
            Eso (contestaría algún babieca alfabeto) solo pasaba en Europa hace setenta años; no hay ya país que lo tolere, porque la democracia... (y aquí, el muy ignaro alfabeto, echaría una sarta de frases que delatarían su supina ignorancia y su incredulidad inverosímil)
            Hace una hora (unas horas no más) que ha sido presentado a la NU (Nueva York) un curioso documento. Los firmantes declaran que en su país no se concede voto al ciudadano, sino al color de la piel y a la gordura o flaqueza del bolso monetario. Y que en su Estado, el 80% no tiene voto, dictatorializado por los 20 favorecidos dictadores.
            Al leerse ese documento (si se lee, porque la secretaría mirará de ocultarlo) algún pánfilo sudamericano se revolverá como picado de algún invisible insecto, y estará en vena de pedir la palabra y echar cuatro garabatos al profanador de la democracia
            ¿Qué acaban de leer? ¿En qué país estamos? ¿Ubinam gentium sumus? ¿En qué rincón oculto del Africa salvaje pasan cosas de esta índole medieval? ¿Qué país civilizado ejerce tutela de “fidei comisso” sobre esa reliquia de un pasado intolerable, que no actúa en el acto, y espera que sean los ciudadanos aplastados los que tengan que recurrir a esa sabia asamblea?
            El orador es uno de los tantos. Seguramente es un sabio en conocer los vinos y los hoteles, el veraneo y el inverneo en sus más difíciles recovecos; pero no sabe la médula de las cosas. Porque, oh insigne segundo Padre Las Casas de la indiada del siglo XX, ese país antidemocrático es Estados Unidos...
            Meses atrás citábamos en estas mismas columnas un hecho inverosímil acaecido en un país moderno. Un profesor universitario del este convidaba a otro profesor universitario  de su mismo ramo, y lo llevaba a almorzar a un restaurant cualquiera. Hablaron de sus materias universitarias, en las cuales su convidado es una eminencia.
            Comieron, bebieron y charlaron como Dios les dio a entender; y horas después, el profesor de la Universidad local recibía un papelito en que se le imponía la multa de un centenar de dólares. El angelical profesor se palpaba los vestidos, por si dentro de él había algún ladrón que fuese digno de multa. Al fin leyó el motivo: “a causa de haber almorzado públicamente con un  profesor negro”...
            Esto, que no las palabras, da la medida de la civilización de un país. Y también de su profunda y admirable democracia.
            Ahora los negros pobres han colectivizado su esclavitud. Han redactado un documento, que sería atendido en el acto si se tratase de Liberia o de Papoa. Pero que será reído y mofado por los Amos del mundo, tratándose de quien se trata.
            Solo nos queda dejar constancia de que los derechos humanos no están solo suprimidos en Rusia, en Bali y en el lago Nyanza, sino también en la costa de Miami, de Texas y del Missisipi. Esas millonadas de negros tendrían su voto y serían considerados como hombres libres si Estados Unidos no hubiesen pasado sus ejércitos salvadores por esas tierras, quitándolas a México, embolsillándoselas simplemente. Ahora, no tienen derechos humanos, ni siquiera voto electoral.

            b) Volvamos al ingenuo hombre de la NU, que estaba seguro y habría jurado que había cosas que solo se registraban  en el continente afro. Bajo su capa de gozador de todo lo que se ofrezca, no podemos negar que puede permanecer en ese caballero algún resquicio de democracia, siquiera perdida en su córpora gozadora. A su simplicidad encomendamos el siguiente proyecto de ley, para siquiera justificar sus comilonas y su fantasía de hombre superior:
            “Ley definidora de democracia. Teniendo en cuenta etc. etc, queda establecido:
            1) Para considerarse país democrático, se necesitará entre otras cosas: a) que todos los ciudadanos del país, sin distinción de raza, pecunia o color, tengan reconocido el derecho a votar en cualquiera