3 Vida y obra de Bardina
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3 Vida y obra de Bardina
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            JUAN BARDINA CASTARA: RESEÑA DE SU VIDA Y OBRA

             

 

            Joan i Domènec Bardina Castarà nació el 27 de Mayo de 1877 en Saint Boi del Llobregat, Castaluña, España, en casa cuya calle hoy lleva su nombre.
            Fue su padre Joan Bardina i Savarich, casado en primeras nupcias con Dolors Castarà i Sigró (o Ciuró), fallecida joven, de quien tuvo una hija, Monserrat. Luego contrajo matrimonio con Josepa Castarà i Sigró (o Ciuró), hermana segunda de Dolors, madre de Josefa, Baldiri, Juan (nuestro biografiado) y Magdalena.
            Sus abuelos fueron por el lado paterno Josep Bardina y María Savarich y por el lado materno Josep Castarà i Marigó y María Ciuró (o Sigró) i Puig.
            Perteneció a una familia humilde.
            Su padre había nacido en Llobregat de Santa Cruz, Cataluña, siendo el más pequeño de 12 hermanos, todos varones. Cerrajero y herrero, había sido pastor de joven. El oficio de herrero lo aprendió al dejar el hogar paterno -como antes lo habían hecho algunos de sus hermanos, al irse a vivir a diversos lugares-. Juan Bardina y Savarich se avencindó en Saint Boi. Allí, como recién lo expresamos, casó en primeras nupcias con Dolores Castará y Sigró, enviudando pronto, contrayendo luego segundo matrimonio con su hermana -su cuñada- Josefa. El matrimonio -Juan, laborioso artesano, y Josefa, de  acendrada religiosidad- vivió en la casa que la madre de Juan,  abuela materna de Bardina  (María Sigró, o Ciuró, y Puig) poseía en el pueblo de Saint Boi, donde destacaba por ser una excelente tejedora y habilidosa pequeña comerciante de útiles de costura. Mientras la abuela y su padre vivieron, él y sus hermanos tuvieron un buen pasar. Pero, muertos una y el otro -éste cuando Bardina tenía 14 años (1891)-, los ingresos se redujeron irreversiblemente, comenzando las apreturas sin término, para la viuda y sus hijos.
            Aún no cumplidos los cuatro años (1881), comenzó a ir en Saint Boi del Llobregat, a una escuela de párvulos. A los siete años (1884) entró a la Escuela Elemental, destacando como un alumno muy aventajado, de altas calificaciones. El reconocimiento de su talento, que emergía sobre una constitución fisiológica más bien débil, llevó al Director a disuadir a sus padres de encauzarlo  hacia los oficios manuales. Y les aconsejó que continuaran su formación escolar en vista a una carrera, decidiéndose que, llegado el momento, prosiguiera estudios de Humanidades en el Seminario de Barcelona.
            A los diez años (Septiembre de 1887), dejando atrás su tierra natal, ingresó en el Seminario de Barcelona. Sus estudios en el Seminario, carente la familia de disponibilidades pecuniarias suficientes, los pudo realizar gracias a becas obtenidas luego de exámenes que sorteó siempre exitosamente y con elevados rendimientos. Cursando cuarto año, teniendo catorce de edad (1891), él y otros compañeros formaron una agrupación con miras a la administración del tiempo libre. Organizaban veladas literarias, a las que Bardina nunca faltaba -éste concurría además a todos los certámenes literarios de que tenía noticia-. Participaban en excursiones, folclore, fotografía, etc. No pocas veces se embarcaban en temas políticos. De las amistades hechas por Bardina en el Seminario de Barcelona y, durante las vacaciones, en la casa Parroquial del señor Rector de Saint Boi, le nació la inclinación y el entusiasmo por la doctrina carlista. Desde el Seminario, incluso colaboró frecuentemente en el periodismo, en "El Mestre Tites", semanario humorístico y satírico, de carácter tradicionalista.
            En el Seminario Bardina reveló, pues, los atributos e intereses personales que lo distinguieron a lo largo de su existencia: inteligencia, gusto por el estudio e independencia de juicio; gran capacidad de trabajo; dominio extraordinario de la palabra escrita; vocación acendrada por lo que atañe a la sociedad y la política. Esta, al estrellarse con dificultades, pero sin desaparecer, abrió paso,  siendo aún joven -apenas un lustro tras haber abandonado el Seminario-, y hasta el fin de sus días, a la conciencia de la