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El retorno a la barbarie La Unión, 16/01/23

Este llamado “Sociedad”  agrupa una miscelánea de crónicas –incompleta-  Pretende ofrecer un esbozo de algunos rasgos principales de ella en el segundo cuarto del siglo XX, de la que Bardina fue testigo singularísimo  (JVG )

            Enero. En la Europa es este el corazón del invierno. En Rusia, el invierno es siempre extremadamente helado. Y en estos tiempos de hambre y miseria, el invierno, para los rusos, es el más terrible fantasma que puede presentarse para acabar de exprimir sus cuerpos exánimes y de martirizar sus almas atenaceadas por el dolor de ocho años de sufrimientos dantescos.
            Porque el hambre no acabó en Rusia. Ni el hambre, ni el pauperismo espiritual.
            a) La comisión norteamericana, que actúa en los alrededores de Samara, escribe a la Cruz Roja de su país: "necesitamos, sólo para 50.000 niños hambrientos, 20 millones de dólares. Es, entre ellos, la miseria tan extremada, que difícilmente podrán resistir más allá de la Pascua".
            El Dr. Nansen, que recorre la Europa pidiendo limosna para los rusos, ha dicho: "afortunadamente, el premio Nobel, que se me ha concedido, y otros dos, que van a concederme, podrán aliviar el hambre de unos centenares de viejos, que se consumen de pura miseria. Este invierno será en Rusia tan terrible como el anterior. Provincias enteras están en completo abandono, sin otra esperanza que la muerte".
            Un periódico de Berlín, en carta de un doctor alemán, que vive entre los colonizadores germánicos de las bocas del Volga, escribe: "en esta gran colonia hemos dominado el hambre. La energía alemana, la organización y el espíritu de trabajo y mutua ayuda, han vencido por fin. Pero más arriba, la miseria es espantosa. Caen diariamente por hambre, sólo en seis provincias, no menos de 800 individuos, 25.000 por mes..."
            El corresponsal de "La Prensa" de Buenos Aires, en Rusia, y de varios diarios norteamericanos, en crónicas narradoras de cosas vistas, dan detalles de ese horror de la Rusia roja. Los padres se comen a sus hijos. Bandadas de jóvenes desentierran los cadáveres y se los tragan. Una madre, con el cuchillo en el aire para sacar las entrañas a una chiquilla de 12 años, insulta al que quiere arrebatarle la víctima, gritando con los labios convulsos por la locura y el hambre: "¡Es mía!,  ¡Es mi hija!, ¡Puedo comerla! ¡Tengo derecho!..."
            La Comisión Vaticana que mandó Pío Xl al sur de Rusia, escribe al jefe supremo de la Iglesia memorias conmovedoras. Las enormes cantidades de víveres allí llevadas son gotas de agua sobre un campo agostado. La miseria es inmensa.
            Doquiera los terribles dolores del hambre más espantoso. Pueblos alocados, el cerebro descompuesto por la indigencia. Pueblos que caen, trozo por trozo, familia por familia, amontonando humos y dolores, sobre los caminos del dolor, abandonados y míseros...
           
            b) Al lado de esa miseria corporal sin nombre, otra miseria espiritual. El Soviet continúa gobernando con su terrible Cheka, suprimida toda libertad, desconocida la libertad humana.
            Acaba de dictarse sentencia contra 11 socialistas y 2 mujeres. Su crimen es éste: son ateos y socialistas extremados, pero han criticado la tiranía del Soviet y han organizado una sociedad anti sovietista. Por haber pensado como les acomodaba, pena de muerte.
            En Odessa acaban de ser sentenciados, unos a muerte, otros a veinte años de carcel, varios sabios liberales. Su falta es ésta: negarse a escribir de conformidad con los dictados del Soviet.
            Los obreros extenuados por una alimentación mísera, han pedido no trabajar más allá de 9 horas todos los días, los sábados inclusive. La contestación ha sido clara: pena de muerte contra los que organicen una huelga; mitad de ración para los que protesten por el trabajo diario de 10 horas.