sociedad 38
Índice del Artículo
sociedad 38
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8

Bibliografía. Mussolini, Benito, El Estado Corporativo. Florencia La SI 11/06/38 p. 11
Decíamos ayer... hagamos propietarios a los obreros La SI 19/11/38 p.8
Decíamos ayer... los héroes de la guerra, acusados de salvajes La SI  03/12/38 p.3
Belén, cuna de la humanidad La SI  24/12/38 p.2

            Cinco breves y substanciosos discursos del Duce, seguidos del texto íntegro de la Carta del Trabajo, de las Bases sobre organización sindical italiana, las Cooperativas y el valor de la cooperación, el texto de la ley sobre Corporaciones, el detalle sobre la organización de las 22 corporaciones y sus consejos, y, por fin, una Bibliografía de 80 obras a consultar sobre la materia.
            En nuestras columnas -que han introducido, quince años atrás, el ideal corporativista en Chile- hemos tratado abundosamente el tema. El libro de Mussolini deben leerlo todos: corporatistas e individualistas. Tal es la fuerza de lo que en él se expone sobre el problema máximo de la actualidad político-económica mundial.

Decíamos ayer... hagamos propietarios a los obreros
La SI 19/11/38 p.8 (publicado originalmente en La Unión el 30/06/22)

l
            La prensa mundial, desde hace medio año, está cantando victoria sobre el Comunismo. Nosotros mismos, en cualquier ocasión que se nos haya presentado, hemos puesto en evidencia ese fracaso colosal del régimen del Soviet, que el Soviet mismo acaba de hacer desaparecer en tierra de Rusia.
            No sin razón. Cuando un régimen ha sido profetizado como panacea universal de todos los males sociales, y, luego de una aplicación cuidadosa, ha venido, en vez de la felicidad y el progreso, esa terrible hecatombe rusa, que ha hundido al país en los abismos de la miseria, es natural que los enemigos de aquel régimen canten victoria a toda voz, y que los hombres estudiosos y apasionados, señalen al mundo los peligros del sistema.
            Pero, si ese canto de victoria, o esa constatación del fracaso, maximalista es natural y lógica, no lo es -y se nos dará la razón a poco que se medite- la manera simplista con que esa victoria o esa constatación del fracaso son mirados por los publicistas.
            El tono general de los alegres críticos del comunismo, viene a resumirse en las siguientes breves líneas, amplificadas según el gusto de cada escritor: El Comunismo prometió convertir a Rusia en un paraíso. La ha convertido en un infierno de hambre, dolor y barbarie. Luego, el Comunismo no ha servido para nada más que para hundir a Rusia. Guárdense los obreros del mundo de copiarlo".
            Repetimos que ese raciocinio fundamentado en hechos innegables, es demasiado simplista y aún incompleto. Y si el capitalismo mundial lo aceptare como bueno, bien pronto -y bien amargamente- habría de probar su improcedencia.
            Son, pues, las personas de arriba, que sientan la responsabilidad de su lugar, las que deben desentrañar menos periféricamente esa terrible proceso maximalista para sacar de él una fecunda lección.

ll
            El Soviet ha restablecido la propiedad, el comercio, la plata, el régimen total capitalista. ¿Ha tenido que volver, pues, al estado anterior al régimen comunista?
            Si y no. Ha tenido que suprimir el comunismo, ciertamente. Ha tenido que restablecer la propiedad, indudable. Pero con una sencilla variación, que varios señores rusos no encontrarán tan sencilla: que los propietarios actuales, venidos tras el comunismo, no son los propietarios que desalojó el comunismo. En otras palabras: ha restablecido la propiedad, pero no la ha restituido a los antiguos propietarios.
            El proceso de sovietización ha sido éste: en virtud del Comunismo se despojó a todos de su propiedad, entregándola por lotes (agrícola) o por acciones personales (usinas) a los labriegos y obreros, para