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Bibliografía Innes González, Eduardo: La Virgen del Carmen y Vivir para los demás. Caracas. La SI 12/07/41 p. 10
La Conferencia del Atlántico La SI 23/08/41 p. 6

 

Bibliografía
Innes González, Eduardo: La Virgen del Carmen y Vivir para los demás. Caracas.
La SI 12/07/41 p. 10

 Un autor dramático desconocido en América, a pesar de que hace ya cinco lustros que ha venido publicando algunas de sus producciones.
 Innes González es costumbrista, metiendo en escena a la clase media de la Venezuela actual. Y esto es una novedad. Tanto en la novela como en el drama se han inclinado los autores modernos a la clase menos elevada de la sociedad en sentido de alfabetismo y de dinero. En la misma Venezuela, por ejemplo, José Fabián en la novela corta y Julián Padrón en la prosa escenificada, han entrado en la entraña popular, usando el mismo lenguaje de formas usuales en el pueblo más humilde. Esto ha sido un acierto, a condición de no confundir. Acierto, en el sentido de que ya era hora –especialmente en estos tiempos de redención social incipiente- de que se bajase a analizar la vida, tal cual es, de los seres humildes, que forman la gran mayoría social cuantitativa. Pero a condición de que no quedase en el aire, como no existente, otra capa social que, en muchos países forma el tejido social más firme: la clase media en cultura y en fortuna. 
Eduardo Innes se ha especializado en pintarnos esa vida de clase media venezolana, que es denominador común a toda la clase media americana. Y esos dos dramas –en sentido lato, pues eso sería drama para un psicólogo pero no lo es para los protagonistas de la acción- son parte de la producción literaria a que nos referimos.
 Ha dicho alguien –que no puede ser un latino- que es cosa interesante aquella que no llama la atención, porque delata que está en plena normalidad. No aceptaríamos esta afirmación a ciegas, pero en ella hay algo digno de ser considerado: que la vida usual, alejada de los altibajos dramáticos sensacionales poco comunes, es digna de ser presentada al público. En pintura hay escuelas enteras que han sobresalido  pintando lo usual sin pretensiones. En el teatro es más rara la existencia de obras de esta laya, tirando la mayoría de autores o hacia el drama y la tragedia, o hacia la caricatura en la comedia y el sainete.
Eduardo Innes tiene esta cualidad. Estas dos comedias son agua clara, un día de sol con algunas nubecillas ralas, cuadros de la vida sin ángulos pronunciados de la clase media americana. Quien haya leído, por ejemplo, “Herman y Dorotea” en la novela y “Utopía” en el ensayo, sabe qué queremos decir con esto de describir cosas normales con una modestia y una sencillez, que se elevan a veces a la altura del genio.  
Esas dos comedias no remueven al espectador, no lo atemorizan si lo colocan en la vía de lo raro. Son cosa fina, hacen pensar suavemente al que tiene capacidad para ello, como documento histórico,  nos pintan una manera social de vivir donde la vida discurre con altibajos torrentosos.
Eduardo Innes es una isla solitaria en la literatura venezolana. Vale la pena de sentarse ante sus producciones.


La Conferencia del Atlántico
La SI 23/08/41 p. 6

l  Repicando las campanas. JBC empieza refiriéndose al instinto y prurito de imitación, del cual se afirman cosas “que podrían aplicarse como anillo al dedo en muchos casos de esta guerra y sus anchos alrededores”.
Coloca como ejemplo la “guerra relámpago” de los alemanes, que los aliados imitan, sin inventiva, en el norte de África.
 Da otro ejemplo: el encuentro en el paso del Brenner, -en una reunión misteriosa, según tocan a rebato las campanas de la prensa- donde a solas Hitler y Mussolini “hablan dos horas y acuerdan cosas