sociedad 42

Derecho del Trabajo La SI 02/05/42 p. 7-8

En este primero de Mayo, Día del Trabajo, puede decirse que los horizontes, tan obscuros desde el punto de vista bélico, se van aclarando respecto a la Cuestión Social, que todos los años se encuentra sobre el tapete en esta fecha de la hecatombe trágica de Chicago.

Quién tenga vista aguda no dejará de ver, cuando estudie las causas de esta guerra, que en sus raíces mismas está la Cuestión Social, no solo en el sentido de pretender ir perpetuándose en los grandes países aliados, bajo capa de democracia las exiguas minorías plutocráticas que por diversos tienen en sus manos la economía individualista, sino también en el sentido de ahogar, dentro del mar de sangre de la guerra, la ola obrera que estaba avanzando a pasos fuertes.

Mientras la guerra hierve, ha tenido lugar en Italia  (15 de Abril) un hecho por demás interesante. Han sido puestos en vigor los Códigos Civil, de Comercio y de Procedimientos, orientados hacia el futuro, arrancándolos de cuajo de la zona, ya caduca, del pensamiento napoleónico, y en gran parte liberándolos del viejo Derecho Romano. Y una circunstancia es interesante notar, indicadora de nuevos vientos: como Prólogo y Bases de esos Códigos, los precede la Carta del Trabajo.
No nos pase desapercibido ese hecho, que es de trascendental importancia. En todo el mundo existen ya Códigos del Trabajo, complementados por una abundancia de leyes que legislan sobre el trabajo y sus factores. Concepciones nuevas –como la del Delito Social- vienen primando ya sobre todas las ramas del derecho, aún sobre el político y el civil. Pero se trataba de “un Código más”. Muy necesario e interesante en sí y por las influencias modificadoras que ejercía sobre los demás Códigos.
Italia ha dado un paso más, y bien audaz por cierto. Elimina el Código del Trabajo. Pone sus cimientos como proemio a los demás Códigos. Y éstos, sin escapar el Civil, quedan amarrados dentro de la esfera del Trabajo, todo dando vueltas alrededor de él.
Hubo un tiempo –esos vivaces siglos medios- en que todo daba vueltas alrededor de los Sindicatos. El Gremio era el centro vital de la sociedad. El Gremio decidía sobre leyes de Trabajo. El organizaba las fiestas civiles. El era el dueño de los templos, y las banderas gremiales se erguían ante el altar del Patrón gremial. El constituía las Municipalidades y organizaba la vida pública municipal. El era la base del derecho político, con los parlamentos gremiales, el Mandato Imperativo (¿cuándo lo resucitaremos Señor?) y el Juicio de Residencia. El estaba en todo, eje y pivote de toda la vida pública y privada.
Italia –el mundo- retorna a aquellos días, tan vejados por el cientismo supersticioso de los últimos siglos. Como resucitan Aristóteles y Tomás de Aquino en la biología de estos instantes magníficos, también resucita la sociedad gremial en la vida práctica. Y podemos ya señalar un país en el cual no ha de haber Código del Trabajo, porque todos los demás Códigos son floración y expansión del trabajo, considerado no sólo como fuente económica, sino también como eje de la vida espiritual del hombre.
Los que aspiren a un Orden Nuevo, que nos aparte a la vez del Soviet del año 17 y de la plutocracia inmoral, de los pueblos acaparadores, no han de pasar por alto ese 1º de Mayo, en el cual aparece esa audaz innovación acerca del Trabajo en los mismos Códigos, él base de toda la vida, elevándolo a las alturas donde el Cuerpo y el Espíritu se complementan en un ambiente de Justicia, Iniciativa, Responsabilidad, Moralidad y Organización.
El XlX se va... Cumplió su destino. Realizaba cantidad de grandes cosas buenas. Lo acompañaron cantidad de errores y supersticiones. Con él, los cuatro siglo de la llamada Edad Moderna quedan en el Museo de la Historia, eliminados evolutivamente, suavemente, por esos brotes que, como los nuevos Códigos italianos, nos muestran el advenimiento de una nueva Edad.