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¿Quién respalda al Comunismo en América? El padre del Comunismo La SI 11/01/47 p. 4-5 
Los partidos y la lógica La SI 18/01/47 p. 1-3 
Elecciones en Brasil La SI 08/02/47 p. 3 
La Iglesia y la Cuestión Social (1) Angel A. Pasce La SI 30/08/47 p. 12
La Iglesia y la Cuestión Social (2) Angel A. Pasce La SI 07/09/47 p. 12

 

¿Quién respalda al Comunismo en América? El padre del Comunismo La SI 11/01/47 p. 4-5  
A aserciones de JBC en esta crónica, le replicó Angel A. Pace en carta publicada en La SI 30/08/47 p. 12. Ver abajo

            a) Desde más de un siglo, no hay pensador que no esté conforme en que el padre del Comunismo es el Manchesterismo. A mediados del siglo pasado, precisamente por estos años, comenzaba en Francia y España a hablarse de esto. Y hay tratadistas que hablaron tan proféticamente de lo que vendría, que uno se hace cruces al leer ahora literatura de Balmes y Donoso Cortés en España, y de Lammenais y otros sabios en Francia: parece que vieran lo que ahora acontece.
            La tesis general de esos hombre era ésta: la pésima doctrina manchesteriana de tal modo esquilmará a los pueblos, que éstos, en manos de caudillos que aparecen en su tiempo, van a revolucionar el mundo, hundiéndolo en una ola de protesta, anarquía, sangre y lodo.
            La gran visión de esos hombres, generalmente de arraigadas ideas religiosas, tenía gran importancia porque la ventilaban en pleno triunfo del Victorianismo y del Liberalismo. Estaban en plena euforia manchesteriana. Pero, a pesar de esta riqueza y paz, veían que iba a venir una época en que las raíces darían su fruto y que instantes trágicos se acercaban para el mundo.
            Este fue, por mucho que se le condene, el mérito de Carlos Marx. Levantó su voz en pleno apogeo manchesteriano. Y, si se equivocaba en los remedios y urdía una filosofía en gran parte absurda, tuvo la “visión venidera”, por así hablar, de unos malos tiempos que se acercaban para la humanidad a caballo de un capitalismo inmoral, que erraba sus caminos en manos de un Manchesterianismo injusto.
            A Carlos Marx le ha tocado la mala suerte de verse rodeado (él y su memoria) de fanáticos. Fanáticos de la derecha (de la derecha económica) que consideran todo lo suyo malo, cuando hay en él observaciones de primera calidad que no habrían de pasarse por alto; y fanáticos de la izquierda, que lo siguen según estómago y corazón, y no según raciocinios, que lo encuentran todo bueno, aún las cosas más evidentemente malas. Pero entre lo bueno ¿quién sería capaz de negarle al agitador alemán este mérito: que, en plena euforia manchesteriana, el “vio” que todo se iba a venir abajo?
            Pasaron algunos años y se publicaba la Encíclica de León Xlll, sobre la Cuestión Obrera. Estábamos en pleno siglo pasado, y no veían los ciegos lo que se estaba incubando. León Xlll,  saltando por sobre todas las dificultades, alza su voz. Y coincide con Carlos Marx en esto: en atribuir la causa del Extremismo social, no a malas ideas, sino a los excesos del Manchesterismo y del Capitalismo Social. De tal manera, que casi se dirigía más allá que Carlos Marx mismo bajo este aspecto: “Los trabajadores actuales se distinguen muy poco de los antiguos esclavos”. Es decir, que la minoría era la causa de los excesos comunistas, por tratar a los trabajadores como verdaderos esclavos.
            Esta idea, que es de sentido común, acostumbra a ser olvidada por tratadistas librescos, que desconocen la vida práctica. Suelen atribuir la génesis de las escuelas, la paternidad de las doctrinas, a ideas extraviadas de éste o aquél hombre. No suelen ver que son fruto –contrario- de hechos ajenos; y que toda doctrina que cuaja en partido es fruto de hechos contrarios. Y olvidan la teoría de los microbios matadores, cuya virulencia no está en sí mismos, sino en el medio feble en el cual se desarrollan.
            Quede, por tanto, bien sentado: que el origen del Comunismo como partido, y con él el Anarquismo y doctrinas semejantes, está en el Capitalismo de facha manchesteriana. Es decir, que el padre del extremismo social no son ideas diabólicas de este o aquel caudillo, sino los hechos del partido, escuela o manera contraria.
            b) Los juicios que acostumbran tener los capitalistas (tantos los manchesterianos como los cristianos, en general hablando y aceptando excepciones) van tan errados, en este sentido, que no es raro que no hallen los remedios, por buena fe que los mueva, para encontrarlos.
            El error capital es éste: que entienden que las multitudes se mueven por ideas cuando se mueven por puras necesidades. ¡Por ideas! ¿Acaso se mueven por ideas ni los universitarios, por mucho que empapelen sus cerebros con pintura de ideas?