sociedad 48 03

Breves declaraciones a los problemas internacionales La SI 13/03/48 p. 3

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            En Bélgica la presión popular es ahora tan grande acerca del voto femenino, que el Gobierno de ese país ha tenido que presentar un proyecto al parlamento para conceder, al fin, voto a la mujer. (Con la consigna dada de que el parlamento detenga algunos años, la discusión de ese proyecto de ley).
            Bélgica debe ser juzgada a base de tres sillares, y, si no, será incomprendida.
            1) No es una nación, sino una amalgama de tres razas, formando un Estado en perpetua lucha: cuatro quintas partes son flamencos, como si dijéramos holandeses, con idioma suyo y un pueblo muy trabajador. Otra quinta parte son valones (un dialecto francés), gárrulos y suficientistas, con todos los vicios, sumos, de la política francesa. Unos miles de ciudadanos son alemanes. Los franceses o valones, a pesar de ser minoría y de su flojera, intentan siempre imponerse a los de Flandes.
            2) Los partidos actualmente en la delantera son dos: católicos y socialistas. Los católicos, a pesar de su democracia cristiana verbalista y las órdenes del Papa, se han opuesto siempre a dar voto a la mujer: la mayoría de las mujeres son pobres, y con el voto femenino aumentaría la influencia antiburguesa. Ello quiere decir que no se trata de demócratas, sino de intereses privados. Los socialistas, a pesar de su democracia y la igualdad de sexos, también eternizan el reconocer el voto a la mujer; la mayor parte de mujeres son católicas y ellas votarían contra ellos. Lo cual indica igualmente que no les importa un bledo la democracia. Y así tenemos que católicos y socialistas, con razones antidemocráticas distintas, se oponen al voto femenino. Los extremos (si es que esos dos partidos en Bélgica, son extremadamente enemigos), se tocan.
            3) A causa de la última guerra, los belgas ya se meten todos en política, no solo para votar una vez cada dos o tres años, sino interviniendo en lo que legislan sus gobernantes. Están ahora en la situación en que el pueblo discurre lo que le conviene y comienza imponerse al parlamento. Así es como ahora está presionando para que sea reconocido el voto a la mujer, cuando, estando ya reconocido en casi todos los países, los partidos belgas, que tenían esta conquista (espejuelo) en sus programas) durante más de 30 años se han opuesto con subterfugios a la medida.
            Ahora tocan las excusas circunstanciales. Presentando el proyecto, el parlamento ha de buscar excusa tras excusa para no ocuparse del asunto. Cuando, ya agotadas todas las excusas, sea ya voto legal ¿qué va a pasar en Bélgica?