sociedad 34
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Los dos extremismos La SI 26/03/34 p. 2-3
Un problema nacional: el Consejo de Economía   La SI 15/09/34 p.20-21
Partidos políticos chilenos La SI 15/09/34 p.22-24

            Estos tiempos de transición están caracterizados por un tejido de contradicciones, bordadas sobre la trama de los sucesos más delicados. En esta semana han culminado hechos que ponen de relieve el extremismo esencialmente contradictorio de los dos grupos sociales que están en lucha.

 

            a) En Estados Unidos, la huelga de los constructores de automóviles, que tiene a varias industrias al borde del paro, ha requerido la intervención directa del presidente Roosevelt.
            El conflicto parece complicado y difícil. Es, sin embargo, tan sencillo como de fácil solución: todo él se reduce a esto: las grandes compañías constructoras no aceptan reconocer la agremiación de sus trabajadores. Quieren tratar con ellos desbandadamente y uno por uno.
                A un historiador del porvenir le será difícil comprender que a las alturas de 1934, el patronaje norteamericano desconozca las ventajas de la agremiación obrera, no solo para el obrero mismo, sino también para el patrón decente.
            Norte América anda muy atrasada en reformas sociales. Su trabajador tiene escasas garantías, carente de aquella trama de protecciones sociales a que el obrero tiene derecho perfecto, por ser él el material creador de la riqueza pública y de las utilidades patronales. Han impuesto esos derechos obreros, no ya los agitadores comunistas, sino los Pontífices en nombre de Dios, de leyes naturales, de necesidades del orden moral y social. Todos los pueblos, cual más cual menos, han puesto manos en la obra. El trabajo norteamericano es una excepción, bien extraña, a esa marcha mundial, que reconoce al proletario unos derechos que él, de no reconocerlos, se tomaría también con sus propias manos.
            ¿Tendrá relación con este desamparo el que solo en Nueva York se registren más allá de 100.000 comunistas organizados, aparte los socialistas?
            Nada más delicado, en los actuales movimientos mundiales, que la organización sindical. León Xlll dijo de ella que “es derecho inalienable del obrero”. Los patrones metalúrgicos de Estados Unidos alistarían a los Papas entre los agitadores comunistas, al no querer reconocer las entidades gremiales, y, aún, al cometer el torpe pecado de dejar sin ocupación a los obreros que acaudillan ese sindicalismo perfectamente deseable.
            El Presidente Roosevelt tenía en su programa electoral el reconocimiento de los sindicatos. Los distintos convenios que la NIRA está concretando para los distintos oficios, todos contienen la obligación obrera de sindicalizarse y el deber patronal de reconocer esos sindicatos y tratar con ellos. Son las ideas democráticas que el difunto Wilson comenzó a impulsar desde el gobierno, sin lograr fuesen aceptadas.
            Nada más demoledor de la reputación patronal que esas ideas petrificadas, que cincuenta años atrás habrían sido defendidas. Estamos en días en que, al amenazar todo venirse abajo, no sería la clase obrera la que perdería más en ello. El estamento patronal habría de tener interés sumo en aparecer  como preparado, capacitado para las nuevas maneras que el mundo exige. Y nada más corrosivo para la clase empleadora que esa opinión de atraso y escasa estrategia que respecto a ella se formaría el mundo de seguir tras las huellas de la industria automovilística norteamericana.

            b) Al lado de ese extremismo carente de mentalidad de los patrones ¿qué extraño que anden por iguales, aunque contrarios extremos los obreros? El reverso de ese caso norteamericano es el caso español de la huelga de imprentas.
            Entre los treinta diarios de Madrid, el ABC aparece como el más destacado entre los de derecha. Su propietario es monárquico. Sus ideas, perfectamente apegadas a todas las cosas de la monarquía. A pesar de ello lo cual habría de decir algo a los republicanos- su tiraje traspasa los 400.000 ejemplares.
            Su propietario, la familia Luca de Tena, es de una ejemplaridad única en cuanto al trato del obrero. Antes de la existencia de leyes sociales el operario del ABC estaba rodeado de toda clase de atenciones. Tenía salario voluminoso, asistencia médica gratuita para toda su familia, veraneo pagado, enfermedad atendida, escuelas gratuitas para sus hijos, la amistad paternal del