diplomáticas 39 05 a 08
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Diplomáticas La Diplomacia como oficio 11 La SI 06/05/39 p. 8
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Diplomáticas. La Diplomacia como oficio XV1 La SI 26/08/39 p. 10
Diplomáticas. David Cruz Ocampo La SI 12/08/39 p. 16

            Si hay que ir a atajar de frente ese furor diarreico de Conferencias Internacionales, así como de Misiones Extraordinarias, encargando a la diplomacia acreditada cuantos problemas ofrezca la vida internacional, se impone como primera medida la especialización, determinando ésta los objetivos perseguidos al establecerse un Cuerpo Diplomático.
            No hay oficio, carrera ni trabajo que pueda modernamente realizarse sin una especialización honda y perfecta, dejando de mariposear sobre varios objetivos, a condición de ahondar en aquellos que caen bajo la especial actividad de cada ramo del trabajo. Pero ¿a qué insistir en nociones que son ya de alcance primario?
            Sería raro, ciertamente, que, si todo trabajo exige una peculiar especificación, fuese solamente la labor diplomática la que no exigiese ni vocación ni estudios que hiciesen posible esa vocación. Se trataría de algo sin importancia. Y, si no la tienen los negocios diplomáticos sería hora de pensar en la eliminación de esta carrera o profesión, como han pensado ya en hacer algunos Estados.
            No creemos, sin embargo, que esta concepción sea verdadera.  No estaríamos dispuestos a poner a la Diplomacia en la cúspide, como algo sagrado y de un interés completamente excepcional. No. Pero sería malo caer en el defecto contrario, no dándole importancia y creyéndola digna de ser abolida.
            Cierto que la práctica de nula eficacia de tantos diplomáticos ha hecho pensar en la inutilidad de la profesión, haciendo necesarias tantas Misiones Extraordinarias y tantas Conferencias Internacionales. Cierto que (lo hemos hecho constar en una pequeña serie de artículos publicados aquí mismo), el fracaso más absoluto ha coronado vaciamente la labro de numerosos diplomáticos. Pero el fracaso actual no quiere decir que la profesión no sea útil y que un diplomático debidamente acreditado no pueda llenar vacíos de interés en pro de su país y del progreso internacional. fracasos personales no pueden hacer perder importancia a una función. Y menos si estos fracasos son de gentes que no eran aptos para la tal función.
            La función diplomática es útil y muchas veces necesaria, especialmente no existiendo un Código Internacional que sirva de norma a todos los gobiernos. Pero a condición de que el personal que entre en esa función esté debidamente capacitado para realizarla con provecho común.
            Esto no podría lograrse sin una especialización bien estudiada.

Diplomáticas
Diplomacia como oficio 111
La SI 13/05/39 p. 11
           
Si la diplomacia debe ser objetivamente fecunda y subjetivamente respetada, es necesario que de vueltas alrededor de algo científicamente determinado, no confundiendo sus zonas con otras que no caen bajo su acción. Es esta condición natural de todo oficio, que debe ser especializado, so pena de caer en la vulgaridad del peonismo, es decir, del que, sabiéndolo todo, no sabe absolutamente nada perfectamente, oficiando de peón.
            Cuando se habla de especialización acude como primer problema el de la confusión entre dos oficios que deben ser totalmente separados, si se quiere eficiencia y capacidad. Merecieron a la distinción esencial entre diplomático y cónsul
            En todas partes se había mantenido esta distinción elemental desde los viejos tiempos, hasta que en algunos países se comenzó a hablar de los deseos del personal consular de que “lógicamente se asimilase y confundiesen sus servicios con los de la diplomacia”.
            Los deseos del personal consular podían ser lógicos bajos muchos aspectos. Desgraciadamente, no lo eran bajo el punto de vista que decide siempre en estas cuestiones: la tarea encargada, o, como dicen los dialécticos, el objeto del oficio. Y ese objeto es el que especifica las profesiones.