Andalucía 33 08 14
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Andalucía, país de leyenda, corazón de España y emporio del arte hispano-oriental La SI 14/08/33 p. 6-7

1         Andalucía. Una región hay en España tan nombrada como escasamente conocida a fondo. Su nombre ha traspasado las fronteras, no habiendo boca civilizada que no lo haya pronunciado muchas veces. A pesar de esto, es conocida solamente por uno de sus infinitos aspectos –su arte- y por algunas de las accidentalidades de sus costumbres.
            Un escritor notable, que ha disertado recién sobre el auge del turismo, ha notado los distintos motivos por los cuales las grandes corrientes mundiales de turistas se dirigen a los diversos países. El turista mundial acude a París a visitar sus magníficos edificios, reminiscencias fastuosas de sus reyes del gran siglo, así como sus ricos museos y las esplendorosas manifestaciones artísticas de todo orden. El turista que se dirige a Niza busca la suavidad de las costas azules, las bellas caricias del sol mediterráneo y el odorífico reposo de un mar sereno.  El que se dirige a Roma, ansía sentir ya el latido del viejo Imperio, que ritma todavía en las nobles piedras de las grandes ruinas; ya la majestad de lo eterno, que llena las inmensidades del vaticano. El turista que va Suiza, suspira por los montes enhiestos, que reflejan su esbelta silueta al pie de los azules lagos alpinos; por las azarosas excursiones a las nevadas cabezas de aquellos gigantes. Es decir, lo que atrae la corriente turística hacia los cuatro puntos cardinales son las nobles y bellas cosas de la naturaleza y las nobles y bellas cosas del espíritu.
            No así España. Los turistas mundiales acuden a España por las pintorescas cosas. Y, en el vocabulario de la civilización, la palabra pintoresco es sinónimo de atraso, regresión, inaptitud progresista. Dirígense a España para cosas de flamenquismo, de “cantos jondos”, de mujeres de daga en liga, de coplas como puñaladas y puñaladas como coplas, de mil cosas pintorescas que confunden con un pueblo admirable que puebla la Andalucía.
            Han caído en esa incomprensión de Andalucía los españoles mismos, los mismos andaluces. También entre ellos, Andalucía es la loca de la casa, la soñolienta moza que entretiene sus horas contándole sus penas al lucero del alba. Es la misma confusión, que ha extendido su sombra sobre España, sobre Andalucía misma, confundiendo la andaluza gente con panderetas retozonas, jacarandosas mujeres, gitanerías multicolores y corridas espléndidamente trágicas de fieros cornúpedos.
            No. Andalucía es otra cosa. España tiene la opulencia varia de las cosas complejas y bellas. Y Andalucía es Andalucía. Tiene su valor propio, su peso específico, su riqueza peculiar, interés nacional, distinto del que aportan al conjunto las demás regiones, pero de calidad no inferior al de los demás miembros regionales de las Españas vivas.

2         Tierra Andaluza. Andalucía es un paraíso. Paraíso, en riqueza. Paraíso, en belleza. Flor y fruta, en una sola pieza. Tierras ricas y bellas, si las hay.

            Si se echa una mirada sobre un mapa minero de la península ibérica, se nota un hecho interesante: que en la sola Andalucía hay más explotaciones mineras que en todo el resto de España, a pesar de no ocupar ella más allá de 1/6 parte del territorio nacional. Tiene España 504 mil km. cuadrados. Andalucía 87.571. Extensión mayor que Bélgica y Holanda juntas. La provincia de Huelva es la de mayor riqueza minera de España. En ella hay los yacimientos de mercurio o azogue, de magnesio, de hierro, y sobre todo, una enorme riqueza de cobre. En Córdoba, hay cobre, plomo, bismuto, carbón.  En Jalú, plomo, hierro, zinc. En Granada, hierro, zinc, níquel y estaño; en Sevilla, manganeso, plata, cobre, hulla y cobalto. Ello, dentro de la escasas rebuscas científicas realizadas hasta hoy día, que, cuando sean prodigadas, prometen convertir esa región, tan abundante en montes mineralizados, en una de las zonas mineras más importantes de Europa.
            El clima de la región, sumamente suave, ha determinado la flora comarcal, acompañada de una feracidad desconocida en las demás regiones de España. Crecen en el mediodía de España, a la vez,