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Los cuatro problemas fantasmas de la actualidad española
Mundo Español  12/30 p. 23-27

Prólogo
            1. España anda alterada. Y con alteración que más asemeja al caos que no una rebeldía estructurada. Al menos en apariencia, más estamos en una nebulosa inconcretada y sin sentido, que no en una alteración organizada vitalmente.
            Las huelgas son, ya, demasiado frecuentes. Hay huelgas por aumento de salarios, huelgas por solidaridad, huelgas por móviles políticos. La mancha negra no se circunscribe a Cataluña, la región del rebelde sindicalismo. Se ha extendido a Valencia, a Murcia, a Asturias, a Vascongadas, a Andalucía. Y parecemos retornar a los días rojos de 1922, cuando burgueses y obreros andaban a la caza mutua por las callejas obscuras de las ciudades fabriles.
            La Economía sufre colapsos, el mayor de los cuales está en la desvalorización de la moneda. Monopolios saludables, como el del petróleo, están cuarteándose, al embate de la envidia extranjera. Cierto número de obras públicas se han paralizado, con criterio gubernamental tal vez estrecho. Los pequeños industriales, ajenos a la unión y a la racionalización de sus negocios, sufren peligros evidentes.
            La política es un embrollo absoluto. Se clama contra la actual Monarquía. Se clama contra una posible República. Se agitan los viejos políticos, ansiosos de reconquistar las posiciones perdidas. Del rey abajo ninguno es respetado. No es respetado, tampoco, del rey arriba. No se concreta lo que se ansía, en vías todos de atacar, de demoler, de hundir.
            El gobierno anda semi perdido en ese revolutum integral. La suprema ciencia de la estrategia, que pose el general Berenguer, no sirve, a lo que se ve, para esos trances. El más fácil llegar a Xauen y poner el pie donde jamás lo había puesto un blanco y un cristiano, que no llegar a domesticar los grandes problemas patrios. Y se anda a ciegas en las alturas, afirmado, negando, diciendo, desdiciéndose; avanzando para adelante, retrocediendo para atrás; levantando un programa, abatiendo el programa antes levantado.
            Las clases productoras andan esquivas y desorientadas. Anda esquivo y desorientado el pueblo. No hay opinión estructurada. No parece haberla, cuando menos.

            2. Sin embargo, no parece difícil precisar, al menos teóricamente. El estado de España, aunque muy complejo, es eminentemente claro, con la claridad de las cosas vivas que, si no acertamos a definir con precisión, acertamos a verlas bien, en toda su palpitante complejidad.
            Es esto, lo que intentamos hacer con las siguientes líneas: ver de precisar ese estado, de diagnosticar males, de formular puntos de vista que se nos antojan remedios.
            He ahí el orden que nos parece lógico:
            Los cuatro problemas fantasmas de la actualidad política;
            Los cuatro problemas económicos fundamentales de la política española actual; y
            Los cuatro problemas políticos básicos de la España del momento
            Primero, hay que deshacer una ilusión fatal, por la cual se da carácter de problemas a cosas que no lo son. Hay que desbrozar el camino convenientemente. Hecho esto, hay que precisar y contornear los grandes problemas del momento
            No hay que extrañar que, ante todo, se deba hablar de problemas fantasmas.
            En todos los aspectos de la vida existen fantasmas, es decir, apariencias de cosas que no existen, disolviéndose al contacto de la realidad. El niño tiene en su mundo sus fantasmas. Los tienen el espiritista y el teósofo. Los tienen los hombres de ciencia incluso, dando cuerpo –fantasmagórico- a cosas que son nada. Por esto ha podido decir profundamente Balmes, el gran filósofo de la relatividad cien años antes de Einstein: “hay hombres tan singulares que ven en las cosas lo que no hay en  ellas”.
            Y esos fantasmas son poderosísimos, a pesar de su inexistencia. El miedo no es nada. Y ¿qué efectos más deprimentes no produce? La sombra del aparecido no es nada. Y ¿no se está fundando hasta una religión a su alrededor. Los fantasmas de cosas científicas que no existen ¿no son causa de grandes polémicas, de enormes despropósitos, de desaciertos gravísimos?