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El iberoamericanismo que se impone Mundo Español  05/32 p. 15-17

1. Una conferencia notable
            Años atrás, muy pocos –tal vez, cinco- un diplomático norteamericano en Madrid, don Carlos Pereyra, mexicano y notable escritor, daba una notable conferencia sobre el Ibero-Americanismo y Menéndez Pelayo. La disertación fue muy buena de ella queremos transcribir, a guisa de prólogo, una parte de la reseña que publicaba ese día “ABC”.
            “Hablando del problema hispano-americano, dijo que estamos en un momento en que es preciso que la sensibilidad se afine y de que la mutua confianza cree una corriente de fecundaciones laboriosas, sin que sea preciso para ello el procedimiento inmutable de intercambio de profesores y alumnos; sostener publicaciones, etc. como tampoco influirá en ello la fundación del Colegio Mayor de Sevilla, porque, con él o sin él, Sevilla será siempre para los americanos el centro de atracción, y verán en ella a una patria distante, idealizada, representativa de la propia, sin necesidad de forzar el reclamo, ya que ese sentimiento nace en el alma. Es el sentido espiritual el que ha de dar las derivaciones prácticas al americanismo de España y al hispanismo de América.
            Para lograr eso, dijo que es preciso que se rehaga la historia nacional mediante un movimiento de acción coherente de peninsulares y americanos, para llegar a una síntesis que sea satisfactoria dentro de las condiciones trazadas por el objetivo de la crítica, sin dejar de reconocer que el problema es de gran dificultad, ya que España tendrá que sobreponerse más bien a un desvío que a un prejuicio, puesto que para ella América es una cosa distante, vaga, que no interesa mucho ni emociona, mientras que América necesitará sobreponerse a desvíos y prejuicios antiespañoles, que allí llegan por todos los caminos desde hace más de cien años, y que tienen por formidable auxiliar a la misma España, gran difamadora de España.
            Señaló como otra dificultad que habrá que vencer para la fusión con España de los pueblos de la raza, la desunión que existe entre éstos, alentada por la influencia que ejercen París, Londres y Washington.
            Señaló la figura de Menéndez Pelayo como una de las más grandes del hispanoamericanismo, pues nadie más que él dio la fórmula del americanismo integral, en el sentido de solidaridad, afirmando que su obra Historia de la poesía hispanoamericana, que escribió para el cuarto centenario del descubrimiento de América, es un libro capital para España y fundamental para América; pero que ha sido poco leído aquí, y no rectamente juzgado allá, a pesar de que fue escrito con celo de la verdad, con amor al arte y sin ninguna preocupación, y ser un monumento de belleza y un verdadero caudal de saber y de nobilísima emoción.
            Hizo mención de las observaciones que el gran polígrafo hace en su obra de la poesía de diferentes países americanos, y de muchos, de cuyos autores se expresa entusiasmado por el sentimiento vital de la naturaleza.
            Terminó el señor Pereyra su brillante disertación diciendo que Menéndez Pelayo supo atacar con admirable decisión el prurito de mutuo descrédito a que se entregaron españoles y americanos durante el siglo que duró la triple borrachera de imposturas históricas, logrando el glorioso escritor con su obra tender un puente de verdad y de belleza entre la fecunda España de los Pinzones y la España joven que cortan los trópicos”.
            Notemos los conceptos principales de la interesante disertación de Carlos Pereyra.
            Es necesario que se afine la sensibilidad mutual entre españoles e hispano-americanos;
            Es necesario rehacer la historia, por ambos lados;
            Es necesario que España se entere de verdad de las cosas de América;
            Es necesario que los españoles no sean los propios desacreditadores, haciendo circular una borrachera de imposturas históricas, calumniadoras.