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Entre el ayer y el mañana. ¿Está España entre las dos posibilidades representadas por la Monarquía y el Comunismo? Mundo Español  07/32 p. 17-24

1 El aparente caos
            Si uno lee los telegramas de prensa y se atiene a la impresión producida de simple lectura, viénele a la boca la inquietante pregunta, que más que pregunta, es un grito de angustia ¿qué pasa en España? ¿A qué abismos anda abocada?
            Huelgas por docenas todos los días, con alguna bien grave y casi siempre teñida en sangre. Motines comunistas, motines sindicalistas, motines monárquicos, motines catalanistas, motines anticatalanistas, motines religiosos, motines irreligiosos, motines asalariados, motines capitalistas. Turbas que irrumpen sobre la propiedad del señorito y señoritos que irrumpen sobres las masas insurreccionadas. Guardia roja, guardia blanca, guardia republicana, guardia monárquica guardia regionalista, guardia castellanista. Boches en las Universidades, boches en las fábricas, boches en las Casas del Pueblo, boches en los casinos aristocráticos, boches en el ejército, boches en la calle, boches en los teatros. Una general conmoción, adobada con asesinatos, muertes, ataques, ametralladoras, tanques, tropas, guardias de asalto.
            El panorama no puede ser más dramáticamente movido. Y, si uno se atiene a esas tempestades, que tienen lugar, naturalmente, en la atmósfera nacional, se atraviesan en el camino de su raciocinio mil dudas, le asaltan cien interrogantes, se entenebrece su horizonte y acaba por quedar enredado en ese dédalo de casos y cosas sumido en la confusión más inexplicable.
            De ahí numerosos juicios, artículos de prensa, conversaciones más o menos públicas, francamente pesimistas, tanto dentro como fuera de España, sobre el porvenir del país. Juicios lacrimosos, a veces, de beatas gentes asustadizas; a veces, de gentes serenas, pero que no logran ver más que oscuridad; de gentes, ya sinceras, que tienen clavada una espina terrible en medio de su mismo corazón español, ya hipócritas, que, tras ese caos, están agazapándose para saltar otra vez sobre la presa, como durante los gobiernos de antaño.
            Sin embargo ¿hay caos verdadero o hay caos aparente? ¿Hay mar de fondo, o, simplemente oleajes superficiales, majestuosos, inevitables en horas –en largas horas- de mutaciones sociales? ¿Hay anarquía o hay un equilibrio eternamente inestable, propio de los grandes cataclismos mediante los cuales la naturaleza busca estabilidad? ¿Hay caos o hay un orden latente?
            He ahí una gran cuestión. Una gran cuestión que tiene interés capital, porque ella debe regular las conductas de los hombres. Porque si hay caos esencial, de raíces, de médula, habrá que apuntarle derecho para eliminarlo, y con él sus causas y sus hombres; y, si no hay caos más que en la piel, habrá que colaborar decididamente, para que advenga más prontamente el orden, la estabilidad y la paz.
            Esto es lo que nos proponemos plantear, desbrozando el camino a nuestros lectores, para que el juicio pueda andar rectamente alrededor de los movidos actuales sucesos de España.

2. Caos, estagnamiento y paz
            Es recordar, ante todo, la verdadera doctrina acerca del caos, del orden y de la paz.
            Un régimen individualista –que condenan, a la vez, los filósofos, los obreros y los Papas- había hecho consistir la paz, el progreso y la felicidad en el orden material. Recordemos, ante esa teoría, los hechos y las teorías del siglo XlX, felizmente muerto y enterrado.
            El progreso de esa centuria, en que pasaron sobre la tierra nuestros padres y nuestros abuelos, dependía entero de ese orden material. Todo lo combinaban los gobiernos, para que ese orden material no se alterase. Las leyes tendían todas  a conservar ese orden. Los jueces y magistrados salían tras la ley, esgrimiendo códigos, cárceles y penas de muerte. De no bastar la magistratura, surgía a su lado la policía, bajo los cien nombres con que esa necesarias