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La Base “Asentamiento” de la Reforma Agraria Mundo Español  02/33 p. 39-42

            En el número anterior intentamos de dar una idea clara de lo que consideramos substancial en esa Reforma Agraria, que ha de hacer época, no sólo en España,  sino también en la historia del movimiento social  contemporáneo.  Dábamos el texto íntegro de las Bases, votadas por las Cortes legisladoras; y, después de aportar precedentes, hacíamos de ella una crítica sencilla.
            De ex profeso dejamos en el aire el cimiento principal de la Reforma, sólo aludiendo a él accidentalmente: lo que se llamó en ella “asentamiento” y “asentar”. Es que este punto merece comentarios aparte, que intentaremos hacer ahora.
            Llamamos especialmente la atención de nuestros lectores sobre un punto que, no sólo es de importancia capital, sino que se ha prestado y sigue prestándose a múltiples comentarios en las críticas de revista y de diario.
            Procuraremos ser concisos y exponer con claridad.
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            Llaman la atención en la ley dos cosas:
            Primera, que no se hable en ella jamás de “dar en propiedad” las tierras a los campesinos, sino de “asentarlos” en ella; y
            Segunda, que los campesinos asentados, a pesar de ser dueños y poseedores de su respectivo trozo de tierra, no hayan de pagar esa tierra, que reciben del Estado a título gratuito.
            Parecen éstos, dos vacíos en la Ley ¿Por qué no se dice que las parcelas de suelo pasan a ser propiedad individual, con todas sus consecuencias, del campesino que va a posesionarse de ellas? Más, todavía: ¡por qué esos campesinos no han de pagar, en cierto número de años, las tierras que reciben y usufructúan como propias?
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            En la crítica que hacíamos a la Reforma Agraria en el número anterior, hablamos largo de diversos países que han realizado, mucho antes que España, su Reforma Agraria. Pues bien: en todos ellos, sin excepción, las tierras repartidas pasan a ser propiedad particular indiscutible del campesino que las recibe, y ese campesino ha de pagar esas tierras.
            Ese pago afecta condiciones favorables, cierto. Es en el transcurso de varios años que hay que realizar esos pagos: en 20, en 30, en 40 años. Se ha discutido mucho sobre la duración de ese pago. Critican unos que sea muy largo tiempo, porque, con ello, el valor del suelo comprado aumenta, siendo, a veces, cuatro veces superior al costo real, si se suman los intereses. Critican otros que esa plazo sea breve, porque entonces hay que dar altas cuotas mensuales o anuales, que no están al alcance de un agricultor pequeño, que inicia sus negocios. Hay, pues, sobre ello, opiniones distintas. Pero siempre se ha partido de la base de que el campesino recibe tierra en propiedad, y que, a la corta o a la larga, debe pagarla.
            ¿Por qué la Reforma Agraria española huye de ambos principios universalmente aceptados?
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            Para llegar a una explicación más o menos satisfactoria de esas preguntas, recordemos varios antecedentes, recordemos varios antecedentes:
            uno, teórico y doctrinario;
            uno, de la legislación mundial actual;
            dos, históricos, pertenecientes a tiempos pretéritos; y
            uno, de la historia candente de nuestros días llenos de novedades.
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            Antecedentes teóricos o doctrinarios.