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El candente problema de la emigración de españoles a América ME 02/36 p. 24-29

l Un gran problema
            Uno de los problemas más importantes de la actualidad internacional –más concretamente todavía, de la actualidad española- es el de la emigración europea a los países nuevos, y poco poblados, de América.
            La misma Sociedad de las Naciones se ha preocupado  intensamente del problema, y la mayoría de los gobiernos han tomado cartas en el asunto, , ya en un sentido, ya en otro.
            Quisiéramos dar a nuestros lectores una idea general de la cuestión en lo tocante a España, y resumirlo en el menor número de páginas.

ll  Una comunicación de los españoles de Buenos Aires
            Planteemos la cuestión insertando íntegra una carta de media docena de grandes entidades españolas de la República Argentina. Es un documento interesante, y él nos servirá de prólogo para plantear la cuestión y ver de resolverla.
            Helo aquí:
            “Señor Presidente de la Asociación de Ultramar. Madrid
            Conforme a lo que le manifestáramos en nuestra anterior, nuestro requerimiento a las sociedades españolas de carácter general existentes en esta Capital, de su opinión sobre el problema de la inmigración española a estos países americanos, motivó una reunión, celebrada en esta Cámara a la que asistieron los president5es de la Asociación Patriótica Española, Institución Cultural Española, Club Español, Asociación Española de Socorros Mutuos y Sociedad Española de Beneficencia, entidades que, con la nuestra, constituyen el núcleo de las referidas de carácter general.
            El detenido examen que hemos hecho del asunto, nos ha llevado a la conclusión de que no conviene realizar labor alguna tendiente a fomentar la emigración española a la Argentina. La situación económica porque atraviesa esta nación, al igual que casi todo el mundo, expondría a verdaderas peripecias y penurias, en la mayoría de los casos, a quienes aquí se trasladaran buscando mayores facilidades de vida. Ante una situación tal, no solo pensamos es inconveniente fomentar la inmigración sino que hacerlo sería antipatriótico y antihumanitario.
            De otra parte, es innegable que la emigración sólo puede considerarse como una cosa normal cuando responde también a las causas que normalmente la generan: exceso de población o crisis económica, como principales que mueven a buscar en otros lugares mayores facilidades de vida. En el caso de España, la primera causa no se da. No puede pretenderse que se trata de un país superpoblado. La mayoría de los países europeos tiene una densidad de población muy superior a la del nuestro. Y de ellos, algunos, no obstante carecer de las riquezas naturales de que disfruta España, no son países de emigración. Es que, comprendiendo que la emigración constituye una pérdida de capital humano, realizan el esfuerzo necesario para utilizar ese capital en provecho propio, ya sea creando industrias o explotando el suelo y dándose para ello la adecuada legislación. Ese es el procedimiento que en nuestro entender debe seguir España y del cual derivaría un mayor prestigio y grandeza, que la harían figurar en primer plano en el concierto de las naciones. Y huelga decir que en esta forma combatiría más eficazmente la crisis que padece en el momento.
            Si así encaramos el problema emigratorio en su aspecto general, refiriéndonos nuevamente al caso de la Argentina y a la influencia que el decrecimiento de la inmigración española podría tener en los vínculos que unen a ambas naciones y que conviene estrechar más cada día, tenemos la convicción de que otros valores nuestros son verdaderamente eficaces y pueden tener influencia decisiva para “mantener pujante el espíritu racial en las tierras descubiertas y civilizadas por España” y evitar “el peligro de que lentamente vaya desapareciendo de estos países la hegemonía española y de que llegue un día en que no haya en