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España gobernada por extranjeros desde Carlos el Emperador Mundo Español  11/37 p. 7-14

1. La polémica actual
            El hecho principal de esta guerra social española consiste en que los extranjeros mandan y deciden en ella.
            Los hechos están a la vista, pero, en tiempos de apasionamientos los hechos no valen nada. Un izquierdista es capaz de negaros que hay un sólo varón en tierra de España, en el mismo instante en que un batallón de rusos desfila a la vista. Y el general Franco decía gravemente en un manifiesto que ni un solo italiano había tomado parte en la derrota de Guadalajara, en el mismo día en que Mussolini anunciaba las causas de la derrota de los italianos, deponía públicamente al general romano que no había sabido triunfar y añadía que esa derrota pronto sería vengada.
            En una guerra en que el móvil es social, es decir, el estómago y la peseta, los hechos no prueban absolutamente nada, por evidentes que sean. Los niegan, aunque estén a la vista. Y se quedan tan tranquilos.
            Es sabido que, como decía el filósofo, nada esclarece más que la verdad. Y sabido es que la gente mediocre se enoja más por que se le cante una verdad que no que se les calumnie con mentiras. Y es natural, si se trataba de mentiras, es fácil probarlo y aparecen limpios. Más, si de verdades se trata, es difícil esquivar la condenación que de ellas derivarán las conciencias honestas.
            Debe ser verdad –después probaremos de verlo- eso de que ambos bandos están plagados de extranjeros cuando respectivamente se lo echan en cara con tono insultante y respectivamente llevan el enojo al máximo.
            Y todo el mundo habla de ello. Y en la Conferencia de no Intervención ha llegado a decir un diplomático neutral que “la guerra de España quedaría concluida “de facto”, por falta de combatientes, si se retirasen los extranjeros”. Exasperación que delata la importancia y volumen de esa intervención que, en la mayor parte del tiempo, ha representado más del 50% del total de combatientes.
            ¡España intervenida! Y, ante esa frase, se hacen cruces los fariseos y los ignorantes. Porque ¿ha habido nada en España desde el siglo XV, que no hayan resuelto los extranjeros? Ha sido esta la desgracia de la Madre Patria y ésta la incapacidad y antipatriotismo de sus políticos
            Echemos una ojeada a la historia de los últimos tiempos y procedamos con un ligero vistazo a los tiempos anteriores.

2. Finalidad patriótica
            Solo a los cobardes se les oculta el mal que los roe. Y solo los pueblos afeminados tienen miedo de poner a luz los propios defectos.
            Un hombre que vale sigue el sistema ignaciano de los jesuitas. Una de las causas del enorme poder de la Compañía de Jesús ha sido el examen de conciencia y el saber cómo echarse en cara, en vez de ocultar, los defectos propios. Debe uno examinarse a sí mismo –gnosci se auton”, como decían los griegos que era el principio de la sabiduría-; saber a punto cierto las propias virtudes y los propios defectos. Y poner éstos a la vista, dispuestos a atacarlos en orden de batalla.
            Los pueblos débiles y afeminados no saben oír con calma la lista de los propios vicios. Esconden avestruzmente la pequeña cabeza bajo una piedra, creyendo que con ello están salvos. Y, claro, los caza así más segura y prontamente la habilidad del cazador. Son pueblos que gritan como mujerzuelas ¡antipatriotas! a aquel que, con la sana intención de hacer posible la curación, señalan con el dedo los vicios nacionales.
            Eso es lo que vamos a hacer ahora en lo que toca a la intervención extranjera en España.
            Y no hay que ponerse bravo por ello. Ni enojarse. Ni mirar de reojo y ceñudamente.