Guerra 1939 39 10 21 a
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El misterio de la inacción en el Frente Británico Alemán La SI 21/10/39 p. 1-6

1. Los correos anhelados
            Cuando se está en guerra, hay que cerrar los ojos a todas las noticias que nos vengan desde los campos mismos de la pelea. Uno de los capítulos más interesantes de la táctica es la organización de la mentira. Y esto no solo en lo que militarmente se llaman “demostraciones”, en los camuflajes, en disfraces de toda clase, sino también en la redacción de partes oficiales, que se redactan siempre con vistas al enemigo, y, por lo mismo, a base de esencial falsedad.
            (La organización de la mentira en la guerra pasada llegaba, en Bélgica, ceca de Lieja, ciudad heroica, a simular el inminente empleo de baterías enteras de grandes cañones,  siempre a punto de disparar, que no eran más que monstruosas maderas pintadas fielmente).
            De ahí, para un cronista que no se deja tomar el pelo, la ansiada espera del correo noticioso, que debe organizarse con disimulos despistadores. Ese correo es la única fuente digna de ser tenida en cuenta, a la luz de la cual se descifran las mentiras de los partes oficiales, y no digamos ya de los discursos políticos, hechos para el gran rebaño de mentes sin cerebro ágil que es la humanidad.
            Y ese correo nos ha llegado ya.
            Es así como podemos levantar el velo de algo que para muchos es misterio impenetrable: la actual inacción en el frente franco-alemán, que tanto da que pensar a los que esperaban quien sabe qué atropelladoras ofensivas, capaces de arrollar los mayores obstáculos.
            Vamos a revelar cosas que son inéditas hasta aquí, al menos en la prensa de toda la América y en aquella de Europa que llega a nuestras manos. Somos los primeros que levantamos el velo. Y, por graves que sean las noticias que vamos a revelar, ellas son verdaderas. Bastaría una sola contradicción más o menos autorizada para que pudiésemos añadir nuevos detalles que no consideramos ahora prudente publicar.
            La actual crítica se refiere exclusivamente a planes de guerra, en combinación la alta política con el Estado Mayor. Otra cosa son los motivos íntimos de la guerra, sobre lo cual -mucho más grave- abríamos semanas atrás un estudio que no dejaremos de continuar.

2. Un Consejo de Guerra en taparrabos
            Los Estados Mayores de todos los países tenían su plan maquinado desde muchos meses antes de la guerra. Solo se esperaba el momento “conveniente” para declararla y actuar. Este momento había de ser cuando los medios de acción franco-británicos pudiesen ser superiores a los medios alemanes, todo sumado.
            Sobre ello podemos revelar dos datos. Meses atrás después de un viaje del coronel Lindberg por Alemania, se reunía la Comisión de Guerra del Senado norteamericano para oír al coronel. El informe de este era que Alemania, especialmente en armas aéreas, estaba, cuando menos en superioridad doble ante Estados Unidos y casi doble ante las fuerzas de Francia y Gran Bretaña unidas.
            Trascendidas estas declaraciones, por medio del espionaje, a los altos círculos británicos –se conoce la perfección de sus medios de exploración- se obtenía, no se sabe cómo, una copia del Informe. E inmediatamente se reunía en una ciudad situada entre París y el Canal de la Mancha, estación veraniega provinciana, una veintena de desconocidos. Eran los Estados Mayores de Francia y Gran Bretaña que debían sacar consecuencias del Informe, que se creía bien cimentado.
            Fue allí donde se tiraron las grandes líneas para la ofensiva, y se señalaban siete meses, más o menos, para igualar las fuerzas aliadas a las de Alemania. Allí era donde se acordaba tomarle el pelo a Rusia, enviando una Comisión militar de segundo orden, para que continuase el Soviet al lado de Francia y Gran Bretaña contra Alemania, pero sin jamás acordar nada. El