Guerra 1939 39 11 11
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Las entrañas de la guerra. La crisis todavía. Quieren vencerla. La agravan La SI  11/11/ 39 p. 1-6
1.- Dos reyes intentan mediar. 2.- Molotov habla claro. 3.- Forbach amenazada. 4. La India no responde La SI 11/11/39 p. 11-12

            1. Por donde la verdad anda
            La guerra abarca enormes extensiones, ofreciendo infinitos panoramas. Y los espíritus ansiosos de comprenderla remontan el vuelo para poder abarcarla de lado a lado
             En vano. En vano que escalen las alturas, y, las manos en palma sobre la vista, intenten someterla a una unidad de visión. Porque la guerra no es ancha –con serlo tanto- sino profunda. Las causas de esos hechos ominosos no están en un lugar cualquiera de esa superficie que tu vista puede abarcar tal vez, sino adentro.
            La llamada del civilización del XlX, cuya alborada se iniciaba dos siglos antes, era un enorme armado de burdos alambres, con una brillante y linda corteza, pintarrajeada de todo hermoso color. Pero carecía de esencia digna y estable. Bajo una capa de civilización, se escondía la barbarie. Y bajo siete vueltas de engrudo y de rouge latían los labios enjutos y anémicos.
            Así fue como a esta civilización no la ha matado un rayo (porque hay que estar seguro de que ha muerto ya). No se lo merecía. Ved aquella encina corpulenta, que eleva su copa verde obscura hasta las nubes, en cuyas ramas hayan abrigo centenares de aves y cuyas raíces se adentran hasta romper las rocas invisibles. Un día, porque su majestad lo pide, la partirá un rayo, en un ambiente grandioso de tempestad. Pero hay cosas que no merecen esa muerte heroica del gigante vencido por el azar de las cosas. Y entre ellas, la Civilización (cuya mayúscula es inmerecida), de esos siglos últimos, en la cual, bajo una montaña de inventos y avances materiales, el hombre quedaba víctima y aplastado. Era algo grosero. Y no debía troncharla un rayo, sino un gusano.
            Por esto, para comprender los grandes hechos de nuestros días, hay que mirar en los adentros, donde anidan los gusanos, que, humildes como son, saben que es la raíz la que debe ser mordida y matada. Lo demás vendrá por añadidura. Porque todo lo visible y amable –ramas y hojas, flores y frutos- pende de esa cosa oculta, humilde y vital que son las raíces.
            ¿Echemos un paseo por esos recónditos caminos del subsuelo, donde las aguas corren purificadas y las cosas se ven claras a pesar de la falta de luz?
            No tienen, en estos gruesos días, las multitudes, sed de verdad. Y, al decir multitudes, no cometeremos el error moderno de confundirlas con los analfabetos. No tienen las multitudes (en ellas, el mayor porcentaje de alfabetos y de universitarios) ansias de luz. El periódico no está al servicio de la verdad, sino del Interés, que ha sustraído a cosas mejores la inicial mayúscula. Porque el periódico está al servicio de los grupos de Intereses y es su siervo sumiso y baboso. Se quiere, no lo que es, sino lo que nos interesa que haya sido.
            Pintan a la verdad desnuda. Y su púdica desnudez hace enrojecer a muchos. El que ha deambulado con ojos de escrutador por los grandes museos del mundo, sabe bien cómo la multitud enrojece ante la Maja Desnuda. Un día –varios días- a alguien le fue posible observar a las distinguidas gentes que pasaban ante la Venus del Baño, en el Museo Vaticano. Y a fe de Dios que se podría escribir un libro extraordinario con las observaciones que ello motivaba. La desnudez magnífica y púdica de esa mujer desnudaba las almas de los que la miraban. Y por los ojos y la boca de los observadores asomaban sapos y culebras, deseos y bajos instintos. Mientras en una minoría selecta, que sabe mirar con los ojos puros, la fruición de la belleza física, (y, más todavía, de la belleza psicológica a través de esa hembra pudorosa), llenaba ojos y corazones, remontándose el mismo cerebro a las alturas infinitas donde mora Aquel que tales maravillas hizo reales.
            Es interesante siempre andar por los subsuelos y buscar en ellos la verdad. Y aquí puede realizarse ésto: porque por estas columnas sólo pasan ojos serenos dispuestos a mirar la verdad de hito en hito, aplastando bajo el pie los apetitos.