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Del estímulo científicocomo base del futuro nacional, La Unión 18/02/29
Libertad y estatismo en la prensa y en la educación, La Unión, 08/04/29
Huelgas universitarias en Uruguay y Argentina La Unión, 15/04/29
Una doble toxina política contra la Universidad española, La Unión, 29/04/29

DEL ESTIMULO CIENTIFICO COMO BASE DEL FUTURO NACIONAL
LA UNION, 18/02/29

Resumen de ideas: sobre el político u hombre de Estado, el profesional de los partidos, y el dictador; política y educación; Benito Mussolini y la educación; crítica a la educación tradicional; la educación científica y artística, en escuelas y universidades

            Uno de los síntomas que revelan la calidad de verdadero político, distinguiendo al verdadero Hombre de Estado del profesional de los partidos, es la capacidad o incapacidad de proyectar sobre el futuro, realizando para las futuras generaciones.
            El político al uso del siglo XlX no tenía voluntad -ni capacidad- para pensar en el futuro. Ni lo concebía, ni le interesaba. Hombre de apetitos, y, por lo mismo, de lo inmediatamente útil, él no salía al encuentro de las necesidades, adivinándolas en el horizonte del porvenir; ni tenía la habilidad de prever los sucesos futuros, conquistados en los hechos del presente. El no manejaba los acontecimientos, sino que los acontecimientos lo manejaban a él.
            De ahí su afán de "vivir al día" como aquellas familias de educación primitiva que desconocen las exigencias del mañana. Y aún, dentro de esa carencia de horizontes, el hecho, general a todo el mundo, de dejar que esos acontecimientos del día se resuelvan solos.
            El hombre de Estado tiene imaginación para las amplias perspectivas del futuro; y, sintiendo a la patria ligada al pasado y al porvenir, tiene la capacidad intelectual y la reciedad moral de proyectar su conducta sobre la patria de mañana, sembrando duramente aquellas fecundas semillas, cuyos granos sabe bien no segará su hoz.
            Las dictaduras se prestan, por su misma manera de ser, a esa limitación de perspectivas. El político del viejo régimen sólo pensaba en el momento actual, por su misma carencia de moralidad. El dictador que ha surgido como obra de saludable reacción contra aquél régimen, se siente inclinado a considerarse limitado a cortar, sanear y medicinar el organismo, dejando de banda toda acción que represente, y no más, un seguro para los hombres del mañana. De ahí tanto dictador como anda de cabezazos en el limitado espacio del hoy, sin el aire puro y la luz política de los amplios horizontes: ese Presidente de Portugal, que anda traqueteado y desorientado; ese Valdewaras lituano, que no acierta a comprender por que el viejo régimen se prepara a sucederle malamente; ese Pilsudsky polaco, desesperado de no acertar en una fórmula que sea base de la Polonia de mañana; Hortluy animoso, tras cuya personal dictadura se derrumbará todo el artificio, retornando la pequeña política; ese mismo Poincaré famoso, extraordinario carácter y voluntad de hierro, cuyo patriotismo no viene fecundado por una amplia proyección de los hechos y los sistemas sobre la Francia de mañana.
            No así, Benito Mussolini, cuya preocupación del mañana italiano le tiene afanoso y vibrante. Es difícil, en verdad, toda siembra, cuando los dorados granos no habrán de balancearse más que al viento del pasado mañana. Más, esa siembra preocupa hondamente al Duce, en cuya cabeza la Italia que él Gobierna comienza en la loba que amamantiza a los dos mellizos vestales y no acaba más que en la tercera Roma que habrá de florecer con los italianos del siglo que viene.
            Es en esas proyecciones en lo que pensaba el dictador italiano, ahora mismo, al crear la Academia Italiana y el Instituto de Investigaciones.
            Al pensar en una Academia, lógicamente se recuerda la corporación francesa que inició esas corporaciones, y la Real Española, que en la Madre Patria viene actuando desde que los Borbones de Francia se situaron en el trono afrancesándolo por los cuatro costados. Más, la coincidencia de nombres no trae ahora, por fortuna, la coincidencia de las cosas mismas.
            Las Academias francesa y española no tiran a la actuación y a la fecundidad. Alguien ha dicho que se trata de un "panteón de ilustres muertos vivos". Sin acentuar con tal crudeza ese concepto de esterilidad, podríamos decir que se trata de un bello jardín de flores vistosas sin granación. Esas academias, como tales, no tienen impuesto trabajos corporativos. Y cuando inician alguno -con el