Guerra 1939 39 12 02
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Guerra 1939 39 12 02
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1. Minas en el Támesis. Mr Chamberlain, el prof. Ancel y Zita la cíngara. 2. El destino de Finlandia. 3. El rey bohemio maniobra otra vez. 4. Luxemburgo reforma su ejército. La SI 02/12/39 p. 1-5

1. El misterio de las minas

            a) Por fin, la guerra nos ha dado unos momentos de novela. Por los anchos alrededores del estuario del Támesis vuelan aeroplanos enemigos, saludando con la mano los tripulantes alemanes a los campesinos ingleses que cultivan afanosamente hasta las orillas del río, en previsión de quien sabe qué cosas. Por allá arriba, puntos menudos perdidos en las nubes, se balancean cosas raras que resultan paracaídas que acarrean bajo sus amplios pliegues una preciosura de minas diminutas que caen precisamente en el campo deseado. Un marinero dispara su fusil, y acierta una que precisamente caía en el agua. Y tiene lugar una explosión fantástica, con surtidores de 300 metros y vidrios rotos a dos kilómetros. Torpedos volátiles amenazan los puentes, y torpedos rítmicamente ascendentes y descendentes bajo el agua amenazan las quillas… Solo falta que, precisamente a las doce de la noche, al dar la última campanada el reloj veterano de la Torre de Londres, un batallón de brujas escuálidas monten sobre sus milenarias escobas, sembrando por todo el estuario del gran río la confusión y la muerte.
            Esta semana ha sido un capítulo de novelas por entregas.           ¡Cuán fácilmente podríamos continuarla aquí, inventando algunos capítulos novedosos, para alegar las horas vagas del lector y ser obedientes a los que, desde las grises sillas de sus gabinetes siniestros, han hilvanado esta novela!
            Desgraciadamente, no podemos realizar esa labor de fantasía. Contrariamente, hemos de sacudir la cabeza del lector, en actitud de reflexión, y ver de desentrañar en qué consiste todo esto. Estamos seguros de que, poniendo en funcionamiento el cerebro –cosa tan desacostumbrada ahora- podemos decir algo nuevo, poniendo sobre la mesa pública todas las cartas que han servido para desarrollar esta película pintoresca en la cual no hay nada de lo que dice y hay todo lo que, siendo esencia del “affaire”, no puede decirse, al menos por parte de los autores de una trama tan bien tejida, que han caído entres sus hilos aún algunos  de los que deberían haberla rechazado decididamente.
            En paz y en guerra, pero especialmente en la guerra, hay las Simulaciones. Y estas simulaciones son revestidas a veces de circunstancias tales, que el enemigo quede entusiasmado y esté dispuesta a aceptarlas. Son, entonces, simulaciones maestras, porque logran el fin principal que se buscaba: engatuzar al de enfrente.
            Tenemos, acerca de esas minas fantásticas, que se mueven dentro de un marco de lujuriosa fantasía, nuestra idea. Pero no es una idea. Es una Conclusión lógica de hechos a la vista y de premisas más que serias. Estamos, una vez más, en la zona peligrosa de la epidermis. Los cablegramas son –es lógico que sean,  dado que pasan por la censura más estricta- despistamientos. Dicen lo que conviene al que autoriza su circulación. El que sean realidades o invenciones no tiene importancia alguna. Lo que hay se calla, si se juzga necesario. Lo que no hay se inventa, porque para algo Dios bondadoso, dotaba al hombre de imaginación
            Invitamos una vez más al lector a deshacerse de esas tretas que se le deparan desde las columnas telegráficas y abandonar la zona de la epidermis. Porque ahí, ante nuestros ojos, hay una puerta abierta que se dirige al fondo

            b) Esta puerta es un artículo que publicaba “La Semana Internacional” el 11 de este mes (11/11/39 p. 1-6), con un título propio: “Las entrañas de la guerra”. Si el lector lo tiene a mano, le será eficaz que lo relea. Vale la pena. No, ciertamente, por parte de quien lo escribía –que poca cosa es- sino por el lado del problema mismo, que es fundamental. En ese artículo, viajando por las entrañas de la actual guerra, llegábamos a un corredor sin salida que tenía un nombre: “Impasse del Tonto”.
            Resumiéndolo en pocas líneas. La guerra mundial pasada, la actual, venían de la desocupación creciente de trabajadores y de capitales. Dos gigantes se mutuamente estorbaban: