Guerra 1939 40 02 03
Índice del Artículo
Guerra 1939 40 02 03
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8

Rusia acomete nuevamente La SI 03/02/40 p. 1-2
La correspondencia neutral violada La SI 03/02/40 2-3
Rumania rezuma petróleo La SI 03/02/40 p. 3-4
El Imperio británico y la guerra La SI 03/02/40 p. 4-5

Rusia acomete nuevamente
La SI 03/02/40 p. 1-2

 Rusia perdía la primera etapa de la guerra. No, como suponen muchos, por ineficacia de sus ejércitos, sino por haber medido desmedidamente el grado de su eficacia.  Decía Napoleón que perder el sentido de la “mesura” en el juzgamiento del valer de las propias fuerzas equivalía a introducir un factor falso en la ecuación bélica. Y habría podido añadir, a guisa de estrambote crítico, las palabras de Felipe ll (“Yo envié mis escuadras, no contra Dios, sino contra los hombres”) al anonadar las furias de una tempestad desatada la potencia superlativa de las fuerzas marítimas del rey taciturno.
 Cuando un trasatlántico topa con un iceberg de un millón de toneladas, sería absurdo hablar de la potencia o de la incapacidad de las máquinas del buque. Había de hundirse irremisiblemente. Contra lo infinitamente grande no cabe manejar cifras.
 Aquí radica la ineficacia de la primera embestida rusa contra Finlandia, que duraba cosa de un mes. Los avances que en estos treinta días realizaban las fuerzas rusas eran absolutamente suficientes –y sobrantes- para mostrar su eficacia, dado que habían de resbalar sobre hielos y todavía hielos blandos. Pero, si no ineficacia, hubo error de cálculo. Entendía aquél Estado Mayor  que podía repetir la hazaña alemana en Polonia, sin tener en cuenta que esta lo fue, y grande, ocupando ya en la Historia de las Guerras un capítulo absolutamente nuevo. Pero que no lo hubiera sido, si se hubiese basado sobre campos de hielos y lagos infinitos y se hubiese creído que un avance rápido sobre esos suelos podía mantenerse sin una proporcionada calma que hiciese posible la internación de fuerzas operantes a 40 bajo cero y el avance, forzosamente lento, de la impedimenta de aprovisionamiento. 
 El Estado Mayor ruso calculó mal, creyendo que una organización eficiente podía realizar milagros. Pero los prodigios no tienen capítulo especial en la Estrategia, y menos en un pueblo que quiere ser ateo.
 Si el Estado Mayor ruso se equivocaba, no quiere ello decir que no realizase una buena labor. En el presente mapa damos una línea que, más o menos, (porque hay cierta vaguedad en los partes de ambos lados) representa los avances de los rusos en esa primera embestida, aún contando la retirada que en varios sectores, especialmente en el centro del país, realizaban en parte.  El lector puede ver que en cualquier instante esos avances cuestan, pero especialmente si se consideran realizados por fuerzas mínimas y en condiciones climatéricas de imposible vencimiento.
 Si por este lado hubo un mal cálculo, fiando demasiado en las propias fuerzas, siempre limitadas, por parte de los finlandeses se llegaba a los límites de un puerislismo que sería risible si no afectase a lo más sagrado de un pequeño pueblo, cuyo único error fue no haber sabido medir bien la conveniencia de las proposiciones rusas y la necesidad del Soviet de asegurarse el Buen Vecindaje por parte de Polonia. Tengo a la vista las proposiciones  que Moscú hacía a Finlandia. Y uno se extraña, no solo de que Finlandia no las aceptase de plano, sino aún de que Rusia no tuviese más exigencias. Ellas son infinitamente menores que las que Gran Bretaña exige a Egipto, y menores que las que representan los tratados firmados el año pasado por Inglaterra y Grecia y luego por Inglaterra y Turquía.
 Ya caído los fineses en la trampa bélica, como niños con zapatos nuevos contaban la retirada de los rusos después de su error estratégico, multiplicando los muertos por mil, las hazañas por millón, los aeroplanos caídos por centenas. Y contándonos donosamente lindos cuentos, que habían de afectar a la imaginación de una raza que vive en la poesía de la aurora polar, especialmente aquella invasión de territorio ruso y seccionamiento del ferrocarril soviético de Leningrado al mar Ártico, que el lector puede ver en la parte rusa del mapa adjunto.
 Los rusos han iniciado una segunda ofensiva, que ha alcanzado una intensidad mayor que la primera en los diez días iniciales de ella. Desde luego, se ve una mejor concepción en los planes, pesando el intento principal, seguramente, sobre la ofensiva por el norte del algo Ladoga, donde la correspondiente flecha del mapa marca la dirección de la retaguardia de la línea Mannerheim. Procediéndose a base motorizada las Líneas estilo Maginot son infranqueables, al menos por unas defensas que son menos transitables cuanto más las disloca la artillería enemiga. Era, pues, el mejor camino rebalsar la Línea por los flancos, o, puesto que se