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La tragedia de la Universidad tradicional La Unión, 24/03/30
La Universidad como formatriz de minorías impulsadoras La Unión, 07/04/30

LA TRAGEDIA DE LA UNIVERSIDAD TRADICIONAL
LA UNION, 24/03/30
Resumen de ideas: sobre la universidad; la reforma universitaria; los conflictos universitarios; el carácter nacional del rol universitario


           Con motivo de los desórdenes estudiantiles en la Escuela de Derecho de la capital argentina, así como de las actuaciones anormales recientes de los universitarios españoles, cubanos, peruanos y mexicanos, el problema de la renovación universitaria ha vuelto a ser puesto sobre el tapete de los asuntos candentes. Se han escrito numerosos juicios acerca de las actuaciones estudiantiles, y, en el fondo de todo, dos peligros se ha visto latir bajo los remezones escolares, los mismos que ya en 1918 notaba en la "Revue de Deux Mondes" la perspicacia de ese cerebro inquieto que era Mauricio Barrés. Ante todo, como base del mal, un reclutamiento y una organización detestables en cuanto al profesorado; luego, y como consecuencia legítima, el plebeyismo mental y moral de las turbas universitarias, es decir, de los profesionales de mañana, directores medulares de la vida del país...

           Con motivo de los desórdenes estudiantiles en la Escuela de Derecho de la capital argentina, así como de las actuaciones anormales recientes de los universitarios españoles, cubanos, peruanos y mexicanos, el problema de la renovación universitaria ha vuelto a ser puesto sobre el tapete de los asuntos candentes. Se han escrito numerosos juicios acerca de las actuaciones estudiantiles, y, en el fondo de todo, dos peligros se ha visto latir bajo los remezones escolares, los mismos que ya en 1918 notaba en la "Revue de Deux Mondes" la perspicacia de ese cerebro inquieto que era Mauricio Barrés. Ante todo, como base del mal, un reclutamiento y una organización detestables en cuanto al profesorado; luego, y como consecuencia legítima, el plebeyismo mental y moral de las turbas universitarias, es decir, de los profesionales de mañana, directores medulares de la vida del país...

            Se ha notado un hecho que generalmente se presenta en forma constante. Es éste: que el prestigio de la Universidad, más que del Estatuto Universitario, pende del personal docente. Acerca de las anomalías en la Facultad bonaerense de Derecho, escribe un notable publicista:
            "Nada hay espiritualmente más selecto en el seno de una sociedad, ni intelectualmente más apto, que el núcleo de personas especializadas en el estudio de las materias que constituyen la actividad docente de los institutos que integran la universidad. Nadie con más derecho, entonces, para fijar rumbos, para ponerse al frente de toda noble especulación. Nadie más obligado, también, que la universidad a propender al mejoramiento espiritual de las masas, poniéndose en contacto con ellas antes que la exageración de los sectarios o la temeridad de los aventureros encienda en el ánimo desprevenido de los desheredados y de los humildes el deseo insensato de las reivindicaciones tumultuosas".
            Pero ¿pueden realizar esa noble misión hombres petrificados en ideas del pasado y hombres cuyo prestigio es puramente político? Contesta desde Francia Georges Michon a esa pregunta argentina, y dice así:
            "Es preciso librarse de los políticos negociantes y de los incapaces de renovarse que viven bajo viejas fórmulas arrinconadas. De no hacerlo así, la Universidad y los valores espirituales, sean los que sean, dejarán de ser puestas en juego durante mucho tiempo y verán su influencia anulada tanto cerca de los gobernantes como entre el pueblo, donde su crédito ha bajado mucho".
            Apuntan los críticos que, cuando una mala organización técnica o pedagógica del profesorado impera, la Universidad se convierte en fábrica pasiva de profesionales, sin alma científica ni lastre moral, que caen sobre la sociedad cual langostas para explotar su oficio como medio de vivir; mala formación agravada por una plétora absurda de titulados, que, mal tomados, carecen de la agilidad mental necesaria para situarse en cualquier punto del país y realizar en él, con esfuerzo mental y material, las cien posibilidades que danzan doquiera alrededor de un hombre que haya sido bien armado mediante una disciplina inventiva (1)
            Este problema universitario, agitado en tantos países con desviaciones deplorables, pero significativas, presenta una gravedad que en estos mismos días no dejarán de advertir cuantos sepan prever las nuevas maneras del Estado moderno: a base de capacidades técnicas y en un ambiente netamente nacionalista, es la Universidad la que ha de producir los técnicos y hombres de acción, que, empapados de las necesidades de su país y de las modernas orientaciones, sean capaces, mañana, de dar forma a las exigencias renovadoras de la ciencia, a las ansias justicieras del pueblo y a las posibilidades explotables del suelo nacional.
            Por esto, el problema de la renovación universitaria, que mantiene en desorden endémico las
Universidades de tantos países, está preocupando hondamente a los supremos directores de la alta