Guerra 1939 40 12 14
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Guerra 1939 40 12 14
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Las dos China  La SI 14/12/40 p. 2 y 3 col. 1
Griegos y británicos atacan. La guerra en Albania y Egipto. La SI 14/12/40 p. 3-4
El mundo árabe se mueve  La SI 14/12/40 p. 5-6
Los fines de la guerra La SI 14/12/40 p. 6

Conflictos bélicos (mapa)
La SI 14/12/40 p. 1

Las dos China
La SI 14/12/40 p. 2 y 3 col. 1

 Por esas tierras intérminas de la gran China están acaeciendo cosas extraordinarias. En estos días han quedado cristalizadas –un Tratado en medio de ellas- las Dos China. Pero hay necesidad de saber ver esas dos China a través del cristal del tiempo. Porque todas las cosas son siempre del color del tiempo dentro de cuyo seno han sido engendradas.  
 
 a) Japón ha firmado recién un Tratado con los chinos de Nankin, por el cual Tokio reconoce como Gobierno chino regular el que tiene por sede la vieja capital china.  En tanto, río Yangtsée arriba, el mariscal Chiang kai Shek está presidiendo en Chun-King el antiguo gobierno, en guerra con los japoneses desde hace varios años: la china costera del llano y la China bravía de las montañas.
 Desde que el Japón invadía la China, pueden verse dos etapas en sus relaciones con el mariscal yerno de Sun Yat Sen. En los primeros años, el deseo de vencerlo y eliminarlo. Chiang kai Shek es una voluntad de hierro, y lo es más todavía su mujer, la ilustrada hija del fundador de la China moderna. Más, todas las tentativas de derrota absoluta fueron alejándose. Los formidables ataques japoneses se mellaban al chocar  contra la formidable energía del famoso mariscal. Y se mellaron también en numerosas iniciativas de la ofensiva propagandista. 
 Acerca de esto, hay que notar un detalle que no lo es, sino error substancial. El Japón tenía cien motivos para entrar en China  Por ejemplo, estos dos: reunir toda la raza amarilla en un solo haz, para que -ya de una vez- no fuese juguete y limón exprimible en manos de una minoría de blancos; lograr económicamente la autarquía amarilla. Estos dos motivos a la vista, nadie que viva savia moderna  hubiera podido criticar estos fines. Tal vez se habrían podido condenar detalles. Pero esto carecía de importancia. Y la invasión de China por los japoneses habría tomado los caracteres de una Cruzada.
 Los viejos gobiernos japoneses, anteriores al actual, se equivocaron en esa exposición de motivos. En vez de proclamar esa cruzada, digna y moral, se enredaron en una finalidad, no solo parcial, sino falsa. Y esto les hizo mucho daño. Nos hablaban de una guerra “contra el Comunismo chino, representado por Chiang kai Shek” armando todo un tinglado anticomunista
 El error era doble.
 En primer lugar, no hay quien no sepa –salvo los analfabetos de la extrema derecha- que ni China era comunista ni Chiang kai Shek representaba al Comunismo. China era amiga comercial  y cultural de Rusia, como lo era Italia al mismo tiempo. Los ideales de Chiang kai Shek eran en lo social –zona del Comunismo- los de la democracia cristiana todavía débiles y tenues. Es decir, una reforma social basada en la parcelación de las tierras y en un tope máximo a la utilidad de productores y comerciantes. Si a esto se llama Comunismo, los Sumos Pontífices son ultra-comunistas y Santo Tomás un feroz  bolchevique. Era, por lo mismo, una falsa bandera esa de iniciar una guerra contra un peligro inexistente, y, además, falsificando la realidad. Seguramente que millones de chinos habrían comprendido perfectamente los ideales amarillos y habrían alargado la mano entusiastamente al Japón. Pero no podían aceptar que una guerra  tuviese por base una inexactitud, y sobre ella tenerse que derramar torrentes de sangre. Y nosotros los críticos que no formamos en el redil de la prensa acaparada por una minoría que va a sus fines, tampoco podíamos aceptar que se bolchevizase teóricamente a los chinos para tener el gusto de zurrarlos.
 En segundo lugar, ello ponía una valla entre el Japón y Rusia ¡y cuán torpemente puesta! Rusia, aunque piensen lo contrario clases sociales ciegas que marchan a tientas hacia su desaparición, es potencia formidable bajo todos los aspectos materiales. Y jamás el Japón podría galvanizar la raza amarilla, si asomasen las bayonetas rusas desde las fronteras manchurianas. La falsa suposición del comunismo de Chiang kai Shek traía, por lo mismo, una nueva dificultad a la cruzada japonesa.