Bolivia 39 01 a 06
Índice del Artículo
Bolivia 39 01 a 06
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9
Página 10
Página 11
Página 12
Página 13
Página 14

            problemas latentes, que se sufren en silencio, y que no están en la mesa de discusión, muchas veces por la existencia de una obligación legal que los simula resueltos; y
            problemas artificiales, que la diplomacia crea a su sabor para el engatuzamiento de los pueblos
            Un ejemplo da cada de estas especies de problemas hará más comprensiblemente lógica esta división.
            Es un problema realmente grave, que está sobre la mesa de la discusión: el de las colonias alemanas. Puede él desencadenar, indudablemente, una guerra. Ya está envenenando la atmósfera internacional desde hace años. Y así lo ven los conductores de pueblos, preocupándose de él cada día más.
            Es problema latente, gravísimo, aunque muchos no lo crean así, la sujeción depresiva del Pueblo Vasco a imposiciones de otra raza. Gentes ignaras, de capitán a paje –hay tantos capitanes políticos de crasa ignorancia- no saben de este problema. pero no por esto deja de ser muy grave. Una raza, especialmente de la recia contextura de la vasca, no se deja atropellar por otra raza y otra lengua. Espera no más la ocasión. Y, al fin, se agarra al pescuezo de la presionadota, cortándole la yugular, si a manos y a dientes le viene.
            Es problema artificial, por ejemplo, el de la próxima guerra europea. No hay aquí, siquiera, gato encerrado.  No hay más problema que el de la desocupación de hombres y capitales que no aciertan a resolver los políticos, y que lo derivan, a guisa de impotentes, hacia el trabajo bélico.
            Dejando aparte otras series de problemas y quedándonos en los latentes, hay necesidad, al menos en América, de tenerlos muy en cuenta. Los políticos europeos juegan a sistemas y a idearios. Aquí tenemos la necesidad de ir a la realidad viva. Y esos tumores que están ocultos son más graves que los que salen a la superficie.
                                                                       ------
            Hay problemas latentes de varias especies, o, si mejor se quiere, que presentan distintas modalidades, a causa de las circunstancias internas y externas bajo que se desarrollan.
            a) Unos son problemas que el mismo paciente no conoce ni siente, porque ni el dolor ni la reflexión se los acusan. El médico sabe cuán frecuente es este caso. Cuántos son tuberculosos sin que tengan de ello ni la sospecha siquiera. Cuántos son gravemente albuminoideos, abocados fatalmente al abismo de las infinitas enfermedades úreas, sin que el menor síntoma se lo haga notar.
            En el terreno social, y en el internacional, abundan estos problemas y  anormalidades. En lo social, por ejemplo, ¿qué duda hay de que la explotación obrera del siglo pasado era un  mal gravísimo? Nadie lo sospechaba. Y cuando cerebros videntes lo anuncian –De Maiestre, Carlos Marx, León Xlll, Mella- hasta las piedras se ríen de ellos y de sus “manías”. Esas manías ahora las tenemos ahí, no ya sobre la mesa de estudio, sino planteadas como graves problemas vivos en medio de la calle.
            En el terreno internacional hay graves cuestiones que ignoran los mismos que los sufren. Al menos por algún tiempo. Checoslovaquia ignoraba –y había dos doctores en el Gobierno (Masarich y Benes) que sus muslos estaban corroídos por enfermedad grave. Hasta que Lord Halifax tuvo repentinamente que operarla, amputando el país de los Sudeten.
            b) Hay problemas que el paciente conoce, pero que, sea por ser no dolorosos, sea por otro motivo, no tiene interés alguno, ni el enfermo mismo, en que sean resueltos. Ello no quiere decir que su morbosidad no influya constantemente en los actos del enfermo. Pero no lo notan los interesados mismos.
            Ahí tiene el problema de la Irlanda del Norte ¡Cuánto daño hace a ese trozo vivo de la vieja nación! ¡Cuánto a Gran Bretaña misma! No lo sienten, aunque parece mentira, los interesados mismos. Únicamente de Dublín gritan que ahí hay anormalidad grave. Londres lo sabe, pero no pone voluntad en arreglarlo. Lo saben los enfermos mismos. Y creen los infelices que su enfermedad no es tal, sino maravillosamente interesante.
            c) Otros problemas latentes los calla el que los sufre por estar ligado por algún lazo a reconocer la insolubilidad de ellos. Sea que la fuerza de las armas los presione, sea que los