Bolivia 41
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Estados Unidos extorsiona a Bolivia La SI 05/04/41 p. 5-8
¿Qué pasa en Bolivia? La SI 02/08/41 p. 9-10
Bibliografía. Cárdenas, Martín. Contribuciones a la flora económica de Bolivia. Cochabamba  La SI 25/10/41 p. 10

Estados Unidos extorsiona a Bolivia
La SI 05/04/41 p. 5-8

            a) El capital problema continental americano, en plena elaboración, pasa en estos instantes por lo que llamaríamos pruebas de fuego. Porque se necesitan hechos, cuanto más abundantes y más graves mejor, para comprender la conveniencia o inconveniencia de ideales internacionales, que a lo mejor no son más que apetitos y egoísmos disfrazados más o menos hábilmente.
            La raza sajona tiene -¿quién lo negaría?- eminentes cualidades que resaltan en su vida pública y privada. Todos los pueblos tienen defectos. Esa raza tiene uno que, si puede darle ventajas mayores o menores por algún tiempo, al fin ha de distanciarla de los demás, que se sienten por ella sacrificados.
            Es el egoísmo como norma de acción y aún como metro de moralidad.
            En el historial biográfico de Gran Bretaña hay nombres y hechos que nos ponen a la vista esa cualidad, que afea muchas obras buenas y sanas. Pensemos, por ejemplo, en un nombre y una escuela: Bentham y el Liberalismo manchesteriano.
El escritor nombrado es ampliamente conocido para que necesite largas presentaciones. Para él no hay más que la utilidad personal o nacional. Un pueblo no debe mirar más que lo que lo beneficia y rechazar cuanto pueda perjudicarlo. La misma moral no es más que la utilidad: es  bueno lo que favorece y quiero y es malo lo que favorece a los demás y me achica a mí los beneficios. En el campo internacional no ha de reinar otro criterio según el tratadista británico. Cuanto es utilidad material para Gran Bretaña es bueno y deseable, pudiendo lucharse por ello. Lo que disminuya las utilidades británicas es malo y hay que eliminarlo por todos los medios. Porque Bentham también acepta que el fin justifica los medios.
            Esa doctrina ha inspirado toda la vida internacional británica desde Enrique Vll y aún desde antes. Bentham estaba enchufado, aún antes de nacer, en la voluntad y en el cerebro de la minoría plutocrática que ha gobernado en Gran Bretaña durante más de quinientos años.
            De ahí que naciera con vigor, y procuran alentarla, en Gran Bretaña, la doctrina económica del manchesterismo, consistente en no poner trabas a la importación de manufacturas a todos los países para poder matar en germen las industrias nacionales y asegurar las exportaciones británicas. Doctrina, sin embargo, filial y subordinada a la anterior, y, por lo mismo, rechazable, en el mismo momento en que ese liberalismo manchesteriano podría restarme utilidades. De este modo, la economía británica ha renegado del manchesterismo y la libertad comercial respecto al algodón, al caucho, a otros productos, en el mismo instante en que solo un pacto con los competidores podía asegurarle mercados fijos y sin competencia.
            Puede comprenderse a qué alturas de riqueza puede empujar la falta de escrúpulos a que lleva el Benthanismo, creyendo moral todo lo que me favorece y viceversa. Pero se comprende también, al fin, a qué catástrofe  ha de llevar cuando los pueblos se decidan a no ser explotados a la sombra de esa doctrina y las energías se hayan debilitado a causa de la misma fácil riqueza amontonada por el utilitarismo. Se comprende, además, los serios peligros de los pueblos que se expongan a marchar del brazo de Gobiernos utilitaristas.
            En el libro en el cual Mr. Churchill nos explica su vida,  nos cuenta con profusión de detalles un montón de cosas que podríamos ir amontonando ahí para mostrar cómo un inglés político no se aparta jamás de ese criterio de utilitarismo como norma moral. Por ejemplo, él explica que, al alistarse para la guerra del Sudán, , a la edad de 23 años, compró de su peculio las armas y entre ellas una pistola bien provista  de balas dundun, es decir, de punta blanda, prohibidas por la ley internacional y por la moral como indignas de un caballero. Pero su moral no era la moral objetiva con que usted raciocina. Para él, aún sin haber leído a Bentham, era moral lo que le daba ventaja, y está a la vista que era una gran ventaja matar y envenenar a balazos prohibidos a los enemigos de Gran Bretaña. Una vez, sorprendido en el Transvaal, también con balas dun-dun, y habiendo caído prisionero, negó que fuesen suyas y aún juró que no sabía qué era aquello. Usted sostendría erguidamente su palabra ante cualquier eventualidad.  Pero eso no es inmediatamente útil, aunque sea de hombre valiente, Bentham se la rechazaría y Mr Churchill lo rechazaba también.
            En un artículo que publica “La Prensa” de Buenos Aires, sobre las relaciones entre San Martín y algunos británicos de su tiempo, explica como Canning, el canciller inglés, durante la invasión de España por