Brasil 41 08 09
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Brasil 41 08 09
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Hermandad entre Portugal y Brasil La SI 09/08/41 p. 8-9

            En estos instantes se realizan tres hechos... (el viaje del P. de la R. del Brasil, Getulio Vargas a las fronteras de la jungla brasileña; el viaje de éste a Paraguay, a conversar con el Presidente de éste país; y, el del P. de Portugal, General Carmona, acompañado de su Ministro, Oliveira Salazar, a Brasil)

            a) El viaje del Dr. Vargas a las fronteras de la jungla brasileña, para entrevistarse con los representantes de dos países hermanos, es de una significación honda. Getulio Vargas ha sido el constante debelador de toda intromisión extra-racial en los asuntos de América, Estados Unidos ha hallado siempre en él –así como en sus amigos completadores del histórico ABC- una muralla que, si parecía ceder en instantes en que la presión era muy firme, no cedía jamás en cuanto se llegaba  al instantes de una determinación anti-racial, y aunque solo fuese a-racial.
            Ante esa figura demasiado desconocida en los demás países americanos, la Cancillería norteamericana ha pasado muchos dolores de cabeza. Vargas desarraigó absolutamente de su país  lo que Roosevelt llama “las cuatro libertades esenciales”. Y lo hacían tan mal sus antecesores de la democracia que ha podido decirse que el progreso del Brasil comienza con ese Presidente energético. Hay que confesarlo en estas columnas, en las cuales el régimen antidemocrático de Getulio Vargas ha hallado muchas veces una crítica severa y contraria. Y ello daba lugar a casos curiosísimos. Como aquel banquete en que Mr. Roosevelt pedía al totalitario Dr. Vargas la ayuda del Brasil contra los totalitarios, en favor de la democracia liberal que él había extirpado.
            Getulio Vargas es hombre que está siempre atento a los dictados de la hora. Y en estos instantes esos dictados nos mandan insistir sobre la independencia racial y la tiesa permanencia ibero-americana en la zona quijotesca de independencia más acre y exigente.  En estos momentos que el mandatario brasileño escoge para dialogar con Bolivia y Paraguay, y precisamente en unos instantes en que esas dos Cancillerías recibían ciertas cartas de Washington: una, delatando el cuento de una epístola fantasma, que no aparece por parte alguna, y otra aconsejando al Paraguay sobre cuándo conviene dar el “placet” diplomático a un Ministro extranjero.

            b) En tanto el Presidente portugués inicia un viaje a todas las posesiones portuguesas, haciendo en cada una de ellas declaraciones de gallo dispuesto al espolonaje. La Cancillería norteamericana había jugado demasiado con lo que se creía debilidad portuguesa. Primero, por medio de adelantados que lanzaban “ballons d’essai”; luego, por declaraciones ministeriales; finalmente, por medio de palabras del mismo Presidente Roosevelt, en las que se amenazaba a las posesiones portuguesas con la ocupación norteamericana. Este último discurso no llegaba a oídos del Canciller suplente, Mr. Summers Wells, el cual recién, después de los tiesos discursos del General Carmona, ha dicho que “jamás nadie en Estados Unidos había pensado en las posesiones portuguesas del Atlántico”. Pero esa sordera no se pega, por lo visto. Y en Portugal los hombres de armas tomar que manejan sus negocios oyen perfectamente.
            No se contenta Oliveira Salazar con discursos. Desde hace dos meses una expedición semanal llega a las Azores, Cabo Verde y Madera, llevando 2.000 soldados, material bélico y alimentos en conserva. Las islas han sido artilladas y munidas de aviones. Y ello ha bastado para que tomasen nota los conquistadores rubios y bajasen las agallas. Sobre todo ante manifestaciones como las del último discurso de Carmona que terminaba así: “Durante quinientos años hemos dolorosamente conquistado estas islas y con nuestros amorosos desvelos las hemos civilizado. No estamos dispuestos a tolerar que el primer pasante se aproveche del fruto de nuestros sudores, y lo rechazaremos por todos los medios”.

            c) En los mismos instantes en que Brasil y Portugal obran separadamente en las selvas vírgenes americanas y en las islas floridas del Atlántico, portugueses y brasileños se sientan en la misma mesa en Río de Janeiro, donde ha llegado una Comisión de intelectuales portugueses.