Colombia 39 01 a 04
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Colombia 39 01 a 04
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Colombia medular. El problema de la tierra comienza a ser resuelto La SI 14/01/39 p. 4
Colombia medular El secreto de un subsuelo enorme La SI 21/01/39 p. 6
¿Malestar en Colombia? La SI 04/02/39 p. 6
Colombia medular. Santo horror general a la guerra civil La SI 04/02/39 p. 10
Colombia medular. Buenaventura o el embrujo de una factoría negra La SI 29/04/39 p. 6

            De una carta que recibo de un buen amigo bogotano, corto estos párrafos:
            “Es esta una región muy interesante, situada en las montañas al oriente de Bogotá. Esto sí que es Colombia. Multitud de poblaciones como colgadas en las laderas de las montañas, todas muy bien trazadas, con una plaza principal en el centro, y en ella una iglesia que podría estar en cualquier ciudad del mundo, casa de gobierno de magnífica construcción, uno, dos y hasta tres hotelitos bien tenidos, granjas agrícolas con sus escuelas anexas. Nada de miseria. Todo confortable. No hay en esta región ricos ni pobres. Alrededor de los pueblos se extienden las parcelas hasta donde la vista alcanza, semejando a lo lejos un tablero de ajedrez. No hay una pulgada de tierra sin cultivo. Escuelas rurales de construcción perfecta.  Todo el mundo rebosa salud y buen humor. La gente es buena, religiosa, servicial, hospitalaria. Las gentes son blancas, pelo castaño,  y en general muy despiertas e inteligentes. En Cáqueta levantaron años atrás un bello hospital, que , luego, era convertido en escuela por ausencia absoluta de enfermos…
            El occidente de Cundinamarca es todo lo contrario porque allí dominan los grandes latifundistas y el pueblo está esclavizado. Allí todo es miseria, enfermedades, suciedad y criminalidad. Afortunadamente, el Gobierno se preocupa de este asunto y en todas las regiones del país se están haciendo parcelaciones al estilo de las del oriente de Cundinamarca. A esto lo llaman comunismo.
            Las carreteras que cruzan la región que estoy visitando son muy buenas y van zigzagueando por estas altísimas cordilleras andinas, ofreciendo al goce del viajero precipicios espeluznantes. Hay lugares en que el auto pasa  por un talud de una temperatura tal, que la temperatura es de 0º, cortado casi perpendicularmente por una roca en cuyo fondo, como desde un paisaje aéreo, alcanza uno a divisar las plantaciones de bananos, caña de azúcar y todos los productos tropicales…”
            He ahí, por boca de un colombiano desapasionado, un resumen del régimen de tierras en Colombia, y también en toda la América… y también en España, madre de estos pueblos. Porque una cosa es Cataluña y Vascongadas, todos los hogares dueños de un pedazo de tierra, y otra esa Andalucía infeliz, atenaceada por la explotación pagana de una nobleza disfrazada de cristiana.
            Sin embargo, el régimen de tierras en Colombia discrepa en modalidades de otros países.
           
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            Entre las tribus originarias, la propiedad estaba sujeta a un régimen peculiar que, a semejanza del de otros países americanos, participaba de la propiedad hogareña, de una especie de semi comunismo tribal y de una intervención del Gobierno, si así podemos llamar a los que ejercían el supremo mando en aquellos tiempos balbuceantes prehistóricos.
            Cuando llegaban los conquistadores, ávidos de posesión, cambiaba toda esta manera de ser. Lo épico aletea entre esos hombres rudos y esforzados. Pero del brazo de lo épico va lo egoísta. Y lentamente a veces, a veces con violencia, se van apoderando de las tierras de los indios. Y así surge la institución del latifundio, cuyos padres eran el desprecio al indio y la voracidad. En ocasiones era el capitán que, sin encomendarse a Dios ni al diablo, sencillamente echaba a patadas al indígena de la tierra que le pertenecía. Pero generalmente el “modus operandi” fue más suave, porque había, cabe al caballero sin escrúpulos, el fraile que, en más o en menos, con excepciones raras, rezumaba espíritu de Bartolomé de las Casas, hijo legítimo del Poverello. Y fueron bajo este aspecto de lenta transmutación, las Encomiendas las que servían para ir creando lentamente el latifundio, que paralelamente se desarrollaba a la par de la eliminación del indio, sea por entremezclas, sea por reducción a comarcas alejadas, sea por el tinterillaje  de los que tenían en su favor a golillas y leguleyos.
            Pero la tierra colombiana, por una serie de cosas raras que no se corrigieron, ni aún durante los primeros cien años, de independencia, adolecía de otro defecto: una gran parte de propietarios agrícolas, sin excluir los latifundistas, no tenían títulos legales sobre su tierra. Eran