Cuba 40 07 20

Nuevos Presidentes en México y Cuba La SI 20/07/40 p. 6-8

 (lo relativo a México, verlo bajo ese nombre)

            En Cuba el espectáculo electoral variaba, aunque no tan radicalmente como algunos quieren dar a entender. Eran los contrincantes el general Fulgencio Batista y el abogado Grau Sanmartín, habiendo triunfado por mayoría, ante las protestas del vencido, el joven reformador de la Cuba nueva.
            Salía Cuba años atrás, de la misma atmósfera antidemocrática que México cuando Porfirio Díaz. Y estallaba también una revolución popular, en la cual los elementos más extremados formularon sus programas. Se turnaban los bandos en el poder, hasta que aparecía un joven militar que, a fuerza de continuos desvelos, lograba cimentar un estado social pasable. A pesar de las circunstancias críticas en que se encontraba el país, víctima de la organización económica que le había dado Estados Unidos, en provecho propio, durante los años, demasiado largos y poco felices, de su dominación en la isla.
            Ambos candidatos en las elecciones de estos días  procedían de la masa popular y de los partidos obreros. Pero había diferencias interesantes entre los dos: Batista, como militar, tiene arraigadas las ideas de disciplina y orden dentro de la evolución; su responsabilidad como casi seguro candidato triunfante, le imponía más circunspección en su programa, que debería realizar; un pasado de varios años en que se ha actuado por manera eficaz, cuyas normas de trabajo ordenado ha tenido que serle freno en la propaganda, aunque también argumento a la vista para los que aprecian más las obras que las promesas.
            Grau Sanmartín está lejos de ser comunista, como dicen de él los que querían apartarle de las zonas moderadas. Su programa, al igual que el de Batista, podría ser íntegramente firmado por un católico social. Pero las circunstancias contrarias  a las que rodeaban a Batista, convertían a Grau Sanmartín en extremista, agrupándose a su alrededor todos los grupos que vivaquean, por distintas razones, en los extremos sociales.
            Es interesante aceptar una realidad muy honrosa para Cuba: ambos candidatos están al margen de toda sospecha de irregularidades, perteneciendo los dos a los sectores de la más recia austeridad.
            Triunfante el coronel Batista, continuará la obra que ha iniciado desde algunos años atrás. Sería de nunca terminar lo que ha realizado en el campo social con leyes para el pueblo, la organización de trabajo para los desocupados, las reformas fiscales, y especialmente lo que ha creado en el ramo de la educación nacional, que estaba casi del todo abandonada, consistiendo todo, antes de él, en fórmulas y leyes que no se cumplían. La obra de Batista es singularmente notable y hay que esperar que lo será más ahora, investido de poderes presidenciales.
            Sería un sano acuerdo que Grau Sanmartín colaborara con el candidato triunfante. Sostienen ideales parejos, son igualmente honestos y dinámicos, los dos aman a Cuba intensamente, son partidarios ambos de la redención de los trabajadores. Nada esencial los separa. Y los tiempos son demasiados oscuros para que se pierdan en el desierto de la oposición energías que pueden ser muy útiles al país