Guayana holandesa 41 11 29

EE.UU. se instala en la Guayana holandesa La SI 29/11/41 p. 5-6

            Y henos aquí ligado el problema  de esa ofensiva africana con Francia: con la caída del mariscal Weygand, con el imperio francés (asuntos a los que se ha referido en el párrafo anterior), con el apetito norteamericano de pescar a río revuelto lo que se pueda, en alas de un crudo imperialismo.
            Un hecho interesante sirve de vestíbulo a este nuevo aspecto del problema: la ocupación de la Guayana holandesa por parte de Norte América, habiendo ya llegado a esa región sudamericana tropas del norte.
            La Guayana produce enormes cantidades de bauxita, mineral del cual se extrae el aluminio,  tan necesario para la fabricación de armas, y en especial de aviones. Cifras que da la prensa norteamericana nos explican que el 60% del aluminio gastado en EE.UU.  procede de esa Guayana. Las cifras son falsas. No más de un 20% de la bauxita necesaria a Estados Unidos procede de esa región sudamericana. Pero las cifras y su exactitud no interesan al argumento que se apoya en este hecho. Hay que ponerlo a la vista y mostrar una burda contradicción.
            Declaraciones del Gobierno norteamericano, al hacer conocer la ocupación armada de la Guayana, formulan el siguiente juicio: “la razón es que su aluminio es necesario a la industria norteamericana”. Si el argumento es una excusa, tenemos imperialismo confesado y a la vista. Si el argumento ha de valer, ha de valer para todos. Si el Japón necesita –lo ha afirmado el mismo Mr Cordelio Hull- el petróleo de las islas holandesas de la Oceanía, tiene derecho a ocuparlas militarmente. Lo dice Hull mismo. Si Alemania necesita el petróleo del Cáucaso, tiene derecho a incautarse de él y a ocuparlo por fuerza de las armas. Si a Estados Unidos le sobra cobre y parafina y esas materias primas faltan a Bélgica, a Alemania, a otro país, esos países en falla tienen derecho a ocupar por las armas las regiones petroleras y cobreras norteamericanas. Esto no lo dice Hitler. Esto lo acaba de decir en Nota Oficiosa, el gobierno democrático norteamericano.
            Pero esto es la bandolería en acción, o, según términos yankis, el gangsterismo. O, para usar palabras más eufónicas, el más crudo Imperialismo. Estados Unidos ha atacado la teoría del Espacio Vital, que da derecho a proporcionarles materias primas. Pero el Espacio Vital -que ha defendido el Pontífice- es algo humano, justo, y, por lo mismo, sujeto a reglas, a limitaciones, a acuerdos, a hermandad. Ese ultra-espacio vital que ha llevado a Estados Unidos a las Guayanas se sale de la teoría justa y entra dentro del campo del más crudo Imperialismo.
            América, alerta. Primero, porque habían de haber sido consultadas todas las cancillerías americanas ante ese acto de ocupación, según acuerdo panameño, y no lo han sido. Segundo, porque con este criterio mismo, EE.UU. se cree con derecho a ocupar las regiones que se le antoje de cualquier país “por necesitarlas la economía norteamericana”. Teoría contra la cual habría de alzarse, en alguna cancillería, una protesta rotunda. Tercero, porque Estados Unidos tiene ya elpie en tres zonas de Sud América, sin que nadie despierte: Trinidad, que detentaban los ingleses y han entregado en parte a Washington; la Guayana británica, en la cual calladamente han puesto pie los norteamericanos armados; y ahora, esa otra Guayana.
            Un almirante ha elevado la voz, preguntando por qué razón el ejército norteamericano no ha desembarcado ya en las islas holandesas del mar Caribe, en las islas francesas del mismo mar y en la Guayana francesa, en las islas portuguesas del Atlántico, en las islas españolas de las Canarias; y esto mismo podría decir en Talcahuano o en las montañas lunares. Esto, que delataría una opinión particular, viene refrendado oficialmente por los anteriores discursos de Mr. Roosevelt amenazando precisamente estas mismas posesiones. Y ello muestra a qué grado de despreocupación jurídica y a qué crudeza imperialista, han llegado los países arsenales de la “democracia” con comillas.
                Para comprenderlo, no hay más que cambiar la palabra EE.UU. por Alemania y poner todos esos desplantes norteamericanos en boca de Hitler. Ello mostraría una audacia intolerable, un imperialismo radical, una amenaza incuestionable. EE.UU. tiene la pretensión de que el mundo acepte como bueno lo mismo que EE.UU. encuentra malo en los demás.