México 40
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Nuevos Presidentes en México y Cuba La SI 20/07/40 p. 6-8
Cárdenas se despide del Mando La SI  21/09/40 p. 8
Dos presidentes mejicanos La SI 14/12/40 p. 6-7

Nuevos Presidentes en México y Cuba
La SI 20/07/40 p. 6-8

 El cable nos ha enunciado en estos días dos elecciones presidenciales americanas, y es necesario situarlas en el terreno debido en cuanto a los varios bandos que actúan en aquellos países y aún, con nombres más o menos distintos, en muchos países americanos.
 a) Méjico es uno de los pueblos más contradictorios para aquellos que no saben ver más que los acontecimientos externos y carecen del don de la comparación y de la medida. En diversas ocasiones hemos querido situar en su verdadero lugar al Presidente Cárdenas, tan mal comprendido por unos y tan interesados otros, que giran según la brújula de la Wall Street, en hacer aparecer realidades  muy distintas de las verdaderas.
 La revolución mejicana comenzaba hace treinta años. y no habría sido digna de los excesos anteriores de una minoría hegemónica si no hubiese cometido infinidad de atropellos. Los que desconozcan la realidad del mando de Porfirio Díaz, han de pensar que todo consistía en esto: 18 millones de esclavos a las órdenes de medio millón de amos.
 Era indigno de una época cristiana, no diremos democrática, ese estado de aparente tranquilidad y una paz que es basada en una organización que es esencialmente inmoral. Se llegaba a la saturación en cuanto a paciencia y tolerancia. Y explotaba aquella tan terrible revolución que, cerniéndose en sus principios contra las colonias de extranjeros, que habían abusado más de lo ordinario de un pueblo entero, acababa por caer sobre los mismos bandos revolucionarios, cada uno tratando de eliminar a los otros, casi siempre –y ese “casi” no sobra- con dinero y bajo la instigación  de los grandes bandoleros de una economía norteamericana cuya finalidad era reducir toda la América a la hegemonía de unos centenares de habitantes de la Wall Street.
 Una narración verídica de esas revoluciones constituiría la novela más apasionante. Crímenes por millares. Asesinatos y traiciones a las órdenes del día. Hombres eminentes como Madero, que habría podido salvar al país, eran asesinados. Hombres pillastres como los que precedieron al actual mandatario, no hacían más que remover el barro social para sus intereses. Y Méjico se debatía en una perenne revolución que no producía más que calamidades.
 Cierto que todo era hijo legítimo de la anterior etapa de explotación social anticristiana. Aún así, daba lástima ese país de base tan sabia, que no encontraba su camino.
 Pero, en el fondo de tantas calamidades tenían lugar dos hechos que eran absolutamente sanos. Y por ahí comenzaba la redención, que había de venir sin escape.
 Por un lado, la organización gremial del pueblo. Sean cuales sean las consecuencias de la organización sindical, siempre es saludable que ella tenga lugar. Se trata de una organización hija del Cristianismo y natural al hombre en cuanto trabaja y es ciudadano. Cuantas exageraciones puedan cometerse, serían mayores siempre si esa organización no existiese. En el caso de la Francia socialmente revolucionaria de cuatro años atrás, fue un hecho a la vista y constante que las huelgas dirigidas por sindicatos fueron ordenadas, jamás llegando al extremo de apoderarse de los negocios echando de ellos a los capitalistas, mientras que cometían toda clase de excesos, sin responsabilidad alguna, los trabajadores y trabajadoras desligadas de toda disciplina sindical.
 El pueblo mexicano se organizaba en grandes grupos sindicales. Que ellos no respondían a dictados de orden, era natural si se considera a la sombra de que fueron organizados. Que ellos abominasen en su mayoría del ideal cristiano en cuanto a religión, no prueba más sino a qué grado de abandono de la educación religiosa habían llegado las escuelas mexicanas, todas ellas católicas, durante la treintena pofiriana.
 Este hecho se daba la mano, al fin, con otro cuya importancia había de ser decisiva: la elección del general Lázaro Cárdenas. Subía a la Presidencia con el mismo mal ambiente que un crítico imparcial veía en la realidad mexicana bien pronto hubo que rectificar juicios ante una gobernación honesta dentro de las posibilidades de una evolución forzosamente lenta
 Las características de la gobernación de Cárdenas pueden reducirse a cinco, aunque no quedarían con eso agotadas para un historiador imparcial, que quisiera abarcar todo el panorama de esa presidencia.