Perú 39
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Perú 39
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Intento de cuartelazo en Lima La SI 25/02/39 p. 2
Plebiscito en el Perú La SI 06/05/39 p. 3-4
Aniversario del Perú. La confiscación inmediata de tierras incultas La SI 29/07/39 p. 11
Manuel Prado, nuevo Presidente del Perú La SI 18/11/39 p. 4

Intento de cuartelazo en Lima
La SI 25/02/39 p. 2

            El Perú ha estado al borde una conmoción política. No ha sido nada, con perdón de los muertos, pero habría podido ser más que algo, si se hubiese tratado de algo serio.
            El Perú, como todos los gobiernos en América meridional, salvo Colombia y Chile, pasa por un período en que una minoría ha creído su deber imponerse a los grupos políticos y especialmente a la amenazadora faz de las masas, durante cien años víctimas de desafueros y miserias. Esta minoría ha tenido un freno: que ha debido contar con el Ejército para poder imponerse. Y en las fuerzas armadas de todo el mundo, aun en aquellas que son llamadas derechistas, alientan hondas reivindicaciones de justicia social
            Esto no es dicho mirando al Perú, sino a la totalidad continental, con las excepciones anotadas.
            El Perú político-social (ya que nada hay, ya, en el mundo, simplemente político) puede dividirse actualmente en tres campos. Añadiremos que hay que mirar dentro de ellos, más que a la superficie, para comprenderlos. En el Perú y en todas partes. Una extra-inspección  no lleva a parte alguna seria. Se notan los rasguños y la dermis. No se perciben los secretos de la dolencia ni el funcionar de las entrañas vivas.
            Primero, lo que ha pasado a toda la América con el nombre de Aprismo. Contra lo que creen muchos, no cuenta con las masas de abajo. Cuenta, en cambio, con la clase media, puede decirse que en su absoluta totalidad. Es, actualmente, el grupo más fuerte en el país. Sin duda alguna.
            Segundo, el grupo fascista, que es el partido que fundara Sánchez Cerro al derrocar y matar a Augusto Leguía y entronizar, tras ello, una dictadura. Forman este grupo gentes que, sin la sombra de su fundador –hombre basto y sin escrúpulos- representan una fuerza grande. Cuentan con el pueblo, bajo, especialmente de la indiada: aquella que tiene ya comprensión política.
            Tercero, un grupo minoritario de gentes económicamente bien puestas, que dirigen los negocios del país y cuentan con el apoyo del Ejército, acaudillado por el general Benavides, Presidente. Este grupo anulaba, dos años atrás, los resultados electorales, que le eran absolutamente adversos; disolvía el Congreso por votación de este mismo y continuaba la Presidencia de Benavides.
            Tres hechos hay que notar a este respecto, de interés extraordinario para el futuro del país.
            Primero, que el grupo gobernante reconoce que es minoritario, pero que las circunstancias exigen una especie de adormecimiento temporal a causa de males que no podrían curarse normalmente. Estamos, pues, dentro de la tendencia, tan generalizada ahora en el mundo, de que la sociedad, a semejanza de un organismo, requiere a veces cloroformo, a veces, también, camisa de fuerza. No se trata, pues, de los antiguos cuartelazos, sino de teorías que quieren entrar en pleno recinto científico.
            Segundo, que teóricamente, el Ejército (aunque no el grupo económico que el Ejército respalda) está de acuerdo con la mayor parte del programa ya de los apristas, ya de los del partido revolucionario (fascistas), en cuanto a reformas económicas y sociales. Solo las discuten la conveniencia “momentánea” de su actuación.
            Tercero, que el grupo gobernante, impulsado por el Ejército, esta realizando una labor social que, si en sí podría ser más radical, considerando el grupo y su pensamiento íntimo, puede considerarse como muy aceptable y para el pueblo muy beneficiosa.
            A la luz de estos precedentes puede juzgarse la escasa importancia del “golpe” actual, desligado de las dos grandes fuerzas políticas del país. No se comprende lo que el general Rodríguez intentaba. Cierto que desconocemos el contenido de los Manifiestos que ese jefe dirigió al país y a las Fuerzas Armadas. Pero los hechos, y la existencia misma de esos Manifiestos, prueban que no tenía contacto ni con núcleos populares ni con el Ejército.
            Rodríguez, mozo joven, organizador y valiente, estaba, como Ministro del Gobierno, al frente de la Guardia Civil, que es la policía nacional, ciertamente que en muy buen pie. Pero