Perú 40 y 41
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Perú 40 y 41
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El Perú de nuestros días La SI 27/07/40 p. 14
Bibliografía Oficina de Propaganda del Perú: Old Highways of the Incas. Lima  La SI 25/10/41 p. 10
Bibliografía Gabriel, Cosio. El Cuzco histórico y monumental. Lima. La SI 25/10/41 p. 10
Bibliografía Prado, Javier: Estado social del Perú durante la dominación española. Tomo l. Lima La SI 06/12/41 p. 14

El Perú de nuestros días La SI 27/07/40 p. 14 

           Los que no han viajado, cuando menos espiritualmente, por los diversos países americanos en estos últimos diez años, pueden estar seguros de que no conocen  de ellos más que el forro. Estas Repúblicas con escasas excepciones, eran, no más de veinte años atrás, atrasados países, que vivían amodorrados a las ubres simuladoras de una política localista e incolora, desencajada de la realidad. aún las luchas bélicas que en ellas tenían lugar, unos bandos contra los otros, tenían ciertos caracteres partidaristas y de poco meollo
            Así nacía fuera de América una leyenda sobre la manera de ser de estos países por la cual el continente, con excepciones raras, quedaba relegado a la categoría  de una rara calidad que sería difícilmente definible, pero que todos conocemos. En lo económico, eran estos países feudo esclavista de británicos y norteamericanos apenas mereciendo otra cosa. En lo cultural, unos semianalfabetos que penosamente deletreaban la  cartilla de la civilización europea. En lo político, una banda de montoneras al estilo bárbaro, comandadas por caciques más o menos enlustrados con indumentaria europea.
            Así se pensaba en Europa, y así, igualmente, y todavía con mayor convicción, en Estados Unidos, de estas Repúblicas americanas.
            No diremos que esas opiniones se adecuasen a la realidad de esos países. Pero sí que estos distaban mucho de ofrecer al observador un panorama que mostrase puntos de vista menos pesimistas.
            Pero han pasado diez años. Diez años que no han sido todavía historiados debidamente. O, si queréis,  veinte años, divididos en dos décadas, con algo que los personaliza. Y hay que viajar por esos países americanos para comprender qué grado de evolución  se ha iniciado en ellos y cómo se han removido en ellos cien cosas que, en conjunto operando, han dado margen a una nueva vida.
            Con qué fuerza esa nueva vida ha brotado, y de qué pura calidad ella sea, es necesario observarlo de cerca para no equivocarse. Porque de lejos, muchas veces, parecen continuar las viejas maneras, la cáscara todavía no es botada del todo. Pero en las entrañas, la evolución es tan viva y recia, que un ojo observador nota una nueva época en la vida nacional.
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            Es el Perú uno de los países en que esa vida nueva se manifiesta más fuertemente, por debajo de cuantas ideologías políticas forman el mapa de la opinión partidarista. No diremos que no hay relación entre las entrañas y esa corticalidad partidarista. Forzosamente los diversos partidos peruanos han de estar relacionados, positiva o negativamente, con esa evolución de las entrañas. Pero esto se realiza con fuerza propia, verdaderamente nacional,  empujados todos –partidaristas o neutros, derechistas o izquierdistas, democráticos o dictatorialistas, ricos o modestos, inteligentes o analfabetos- por la ancha avenida espiritual que empuja a ese pueblo hacia un porvenir magnífico.
            En otra ocasión mostrábamos como económicamente va creciendo de año en año la potencia de ese pueblo, concordando diversas fuerzas a una producción cada día mayor, y, lo que es más importante, cada día más variada. De lejos el Perú vegetaba entre los dos extremos: una abundante pequeñísima propiedad  generalmente india, que contribuía poco a la riqueza nacional, aunque sí a la manutención de numerosos hogares indígenas, y una agricultura de gran extensión, generalmente azucarera y algodonera, que se limitaba a muy pocas personas en cuanto a utilidades y ventajas. Ha entrado ahora el Perú por vías mejores. La pequeña propiedad va siendo modernizada con ritmo cada vez más acelerado.  Y una propiedad de tipo medio va solidándose, que, además de contribuir enormemente a la riqueza nacional, va creando una clase media que puede ser, el día de mañana, el nervio y equilibrio de la nación.
            En esos diez años se ha puesto especial empeño en caminos de cemento, que pose en longitud extraordinaria, superior en mucho a los de Chile. Más el Estado no ha construido en vano esos caminos. Ha dado una legislación ad hoc, para que los suelos adyacentes sean cultivados. Y no han reparado aquellos próvidos gobernantes en amenazar a los retardados con penas que, en muchos casos, vienen a representar la pérdida de la propiedad abandonada y antisocialmente poseída.