Venezuela 39
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Venezuela 39
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Fuego sobre el lago La SI 25/11/39 p. 4-5
Venezuela y su Presidente La SI 23/12/39 p. 14
 

Fuego sobre el lago
La SI 25/11/39 p. 4-5

            ¡Qué horror esa catástrofe petrolera que ha tostado a dos mil trabajadores en Lagunillas!
            Uno de los lagos más extensos del mundo –y, a su vez, uno de los más maravillosos- es el que, en el occidente venezolano, pared en medio de Colombia, abre su desagüe directamente al mar, con el nombre, quien sabe si impropio, de Lago Maracaibo.
            De día, el viajero nota algo verdaderamente fantástico: de las aguas del lago, que alcanzan miles de kilómetros cuadrados, surgen enormes torres de acero,  en profusión incontable, señalando los pozos de petróleo que lanzan sus chorros a través de las aguas. Todo aquel subsuelo es un mar de aceite, y él supura por todos lados, tapizando casi siempre la superficie lacustre con una densa capa oleosa.
            Una Compañía –naturalmente, extranjera- explota esas enormes riquezas y alrededor de esa parte petrolera del gran lago se desarrolla una actividad que hace competencia a la de cualquier región de vida intensa de cualquier otro país.
            Lago magnífico, se convierte en la noche en lugar de maravilla. Pónese el sol entre celajes policromos. Asoman las estrellas.  Y todo el embrujo tropical se vierte sobre el agua y sobre los corazones, cada rincón un idilio y cada hora nocturnal una revelación.
            Pero…
            ¿Se comprenden que negocios que ganan anualmente el 35% del capital, y que laboran en tierra ajena, puedan mantener a la población trabajadora –“el primer factor del trabajo, padre del producto” (Pío X1)-  viviente sobre chozas de maderotas clavadas en troncos sobre las aguas mismas, sin techo muchas veces, mugre, imprevisión y compañía, en peor situación que la maquinaria y los animales de la misma empresa?
            Claman al cielo incendios como ese de la “ciudad” de Lagunillas, en que se tuestan, retorciéndose a la manera de beefsteacks vivos, dos mil personas,  mientras los humanos accionistas de New York cobran tranquilamente un ultra interés, capaz de doblar el capital cada tres años. En tanto, los comunistas ganan las elecciones en la progresiva Maracaibo, ciudad de 150.000 habitantes; y en las noches, empapadas de serenidad tropical, continúa batiendo los corazones al ritmo de las estrellas.

Venezuela y su Presidente
La SI 23/12/39 p. 14  

            En estos días ha celebrado la República de Venezuela un nuevo Aniversario, que pasará inadvertido por la crítica americana, como si se tratase de un nuevo año normal sin importancia. Sin embargo, los que hemos tocado y vivido el presente venezolano, y podemos compararlo con un pasado tan integralmente anormal,, podemos ponderar la importancia de una Presidencia que ha tenido la difícil virtud de saber ser puente de transición entre un Ayer y un Mañana, entre los cuales no parecía sino que se había de necesitar medio siglo para establecer una fecunda relación.
            Venezuela, que en el amanecer de la Independencia daba a estas Américas nombres gloriosos –tal vez el primero entre todos sin descontar ninguno: Bolívar- había caído, los años corrientes, en el abismo de una dictadura más detestable por lo huera y degenerada y desquiciada que por lo de dictadura. Basta con nombrar a Castro y a su sucesor, el loco que moría cinco años atrás, gobernando al país como un sátrapa y hundiendo en el atraso moral y material a un pueblo digno de mejores destinos.
            Más de cuarenta años de inacción, tres millones de hombres en las manos ineptas y malvadas de malos patriotas, no solo habían detenido el progreso bajo todos los aspectos, sino que habían anquilosado de tal modo los miembros de la nación, que había de costar años, sangre y esfuerzos a poner en marcha ese enorme cuerpo inerte.
            Cupo la suerte al país, que, a la muerte del último sátrapa, cayesen las riendas del poder en manos del general López Contreras. Estaba en la capacidad de muchos el tener bellos ideales de avance en todos los órdenes de la vida republicana. Pero era tan difícil el método de