diplomáticas 40 01 y 02
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diplomáticas 40 01 y 02
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Diplomáticas Diplomacia como oficio XX1X La SI 12/01/40 p. 9
hasta
Diplomáticas Diplomacia como oficio XXX1V La SI 17/02/40 p. 10
Diplomáticas Reorganización en Relaciones La SI 24/02/40 p. 10

            Al tratarse de la misión diplomática de intensificar el comercio mutuo entre los dos países, se alega en estos tiempos, tan dados a la autarquía y a las divisas escasas, que no hay posibilidades siquiera de realizar labor efectiva en este sentido.
            La realidad nos muestra todo lo contrario. Hay legaciones y embajadas servidas por determinadas personas que no han logrado absolutamente nada durante los años en ellas servidos. Viene su sucesor, y halla inmediatamente la manera de intensificar ese comercio.
            Podríamos poner casos del día. Nos abstenemos en gracia a no querer personalizar estas observaciones.
            No se trata de posibilidad o imposibilidad. Se trata de aptitud integral o de ineptitud.
            Un diplomático debe imponerse el deber de realizar las cosas de tal modo que, durante su representación, el intercomercio aumente. Y debe darse por fracasado de no lograrlo. En la advertencia de que, si no tiene él la clara visión de ese fracaso, desde la cancillería deben darlo, por fracasado y substituirlo.
            En estos tiempos, el comercio es la principal misión acerca de la cual una representación diplomática debe actuar. En esto fracasada, su fracaso es total.
            Hay diplomáticos que suelen pagarse de lo que se ha llamado, durante décadas, “ambiente en la sociedad local”.
            Tiene, se dice, un gran ambiente. Es invitado a todas las fiestas sociales. Su mujer está enormemente relacionada.
            Y creen poner una pica en Flandes al decir esto, que es igual que no decir nada. Cierto que las relaciones sociales son necesarias e indispensables. Pero ellas pueden estar en los extremos, en cuanto a utilidad: pueden ser puestas para conquistar una fuerte posición comercial nueva, y pueden ser excusa para aparentar influencia.
            Esta no se dice. Se prueba con hechos. Y no con hechos sociales, con carnet de baile en la mano, sino con hechos comerciales, con un nuevo Tratado, o algo similar, a la vista.
           
Diplomáticas
Diplomacia como oficio
La SI 20/01/40 p. 14
                                               XXX
            El problema del intercambio comercial tiene especial interés cuando se trata de pueblos lindantes. En este caso, y refiriéndonos a América, tiene todos los caracteres de una política especial,  que ha de tender claramente a la eliminación de aranceles fronterizos.
            Se habla mucho de Panamericanismo. Se realiza todo lo que es contrario al Panamericanismo.
            Desde luego, hay que ser prácticos. Y no estaría nadie dispuesto a admitir que, en aras del Panamericanismo, se hablase siquiera de eliminación de fronteras arancelarias entre Estados Unidos y cualquier país americano. Es demasiado honda la diferencia, para que pudiese haber equilibrio. Norte América tiene industria altamente desarrollada. Tiene una economía gigantescamente montada, la cual le permitiría, en un caso dado, vender, por ejemplo, telas a Chile, a precios de pérdida, para así, con una competencia desleal, arruinar la industria textil chilena. No es aceptable, por lo mismo, esa ausencia de aranceles, que dejase sin protección a la industria nacional.
            No solo económicamente. Es más grave el aspecto patriótico. Si toda la industria de un país pende de la producción de otro, quiere decir que este otro tiene en sus manos la independencia del país servido.
            Aplicamos este caso a Méjico, y entenderemos que realiza buena obra ese país cuando, a pesar de su vecindad con Estados Unidos, se niega a abolir aranceles. Necesita, económica y