diplomáticas 40 03 y 04
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Diplomáticas Diplomacia como oficio XXXV La SI 09/03/40 p. 10
hasta                    
Diplomáticas Diplomacia como oficio  XL La SI 20/04/40. p. 12

            En otros artículos hemos hablado de la necesidad, no solo de conservar los agregados comerciales, sino también de apoyar la iniciativa de algunos países al agregar a los consulados un agregado social, que, además de ponerse en contacto con los elementos trabajadores intercomunique entre ambos países leyes, prácticas y hechos relativos a los elementos de trabajo.
            Costaría poco a extenderse a demostrar que otros agregados serían igualmente necesarios tratándose de países americanos. Pongamos por caso uno Intelectual y uno Turístico, cuyo lugar estaría en Legaciones y Embajadas.
            Somos pesimistas en cuanto al idealismo de los Estados, siempre a las órdenes de S. M. el Estómago y el bajo Interés. Pero no tanto, que dudemos de la eficacia de un representante del Espíritu en una Embajada, el cual se ponga en contacto con los hombres de cerebro del país en que actúe.
            Precisamente porque cree el mundo demasiado en el estómago y poco en el espíritu y el corazón, es necesario que haya quien intente crear relaciones en esa zona de los alientos espirituales. La ciencia, las artes, la educación es algo que deberá primar por encima de todo. Y sería bueno que en cada misión diplomática un representante de esa parte de la cultura cargase sobre sus hombros la responsabilidad de poner en contacto hombres y cosas culturales de los dos países.
            La verdad es que, cuanto más alardeamos de americanismo, menos nos conocemos. ¿Quién conoce en Chile literatos actuales de Colombia? ¿Quién sabe nada en Uruguay de los sabios e investigadores peruanos, que los hay y buenos? ¡Quién sabe de los avances pedagógicos argentinos? ¿Quién sabe de los músicos brasileros, salvo las marranadas negroides que nos vienen con el cinema? Nadie sabe nada de nada.
            Cada país habría saber de escoger una docena de elementos espirituales, entre los cuales figurasen maestros, literatos, sacerdotes, artistas. Y agregarlos a Legaciones y Embajadas por turnos, sucediéndose en la legación peruana, por ejemplo, cada uno de esos representantes del espíritu, de modo que en unos veinte años hubiesen arraigado relaciones entre los maestros de los dos países, entre los escritores, entre los sabios, entre los curas, entre los hombres de cualquier zona de cultura.
            No sería dinero botado. Sabríamos algo más que ahora –que no sabemos nada- de los demás países americanos. Los diversos elementos de una misma profesión se encontrarían ligados. El americanismo sería algo más que una palabra. Cuanto más nos conociéramos más nos amaríamos.

Diplomáticas
Unión Panamericana
La SI 16/03/40 p. 9

            La Unión Panamericana es una institución internacional integrada por las veintiuna Repúblicas americanas: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Republica Dominicana, Uruguay y Venezuela. Fue establecida en 1890 con el nombre de Oficina Internacional de las Repúblicas Americanas, en cumplimiento de una resolución aprobada el 14 de Abril de ese año por la Primera Conferencia Internacional Americana, reunida en Washington.  Sus actividades han sido grandemente ensanchadas por resoluciones posteriores de la Segunda Conferencia, celebrada en México (1901); de la Tercera en Río de Janeiro (1906); de la Cuarta en Buenos Aires (1910); de la Quinta en Santiago de Chile (1923); de la Sexta en la Habana (1928); de la Séptima en Montevideo (1933) y de la