diplomáticas 40 05 y 06
Índice del Artículo
diplomáticas 40 05 y 06
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5

Diplomáticas Diplomacia como oficio   XL1 La SI 04/05/40. p. 13
hasta
Diplomáticas Diplomacia como oficio  XLV1 La SI 29/06/40 p. 10

                Si se pretende, como se da a entender en América, que la diplomacia pasa de la época de malicias obscuras y zancadillas mujerzuela que la venido caracterizando desde el Renacimiento hasta nuestros días, habrá necesidad absoluta de principios ciertos en cuanto a cuestiones fundamentales.
            En estas columnas desarrollamos recientemente la tesis de que, en los últimos veinte años, todos los países, especialmente los europeos, habían realizado enormes trabajos para que nadie lograse articular en un breve Código –que podría tener tres o cuatro páginas a lo más- un Código Fundamental de Política Internacional Pública. La Sociedad de Naciones, monigote movido por aquellas potencias, ha realizado grandes esfuerzos con respecto al Derecho Internacional Privado, que no tiene importancia alguna en cuanto a la paz y el progreso mundial. En cambio, no ha realizado el más mínimo esfuerzo para reunir una de sus cien y una Comisiones para que iniciaran los grandes delineamientos de un Derecho de Gentes modernizado, que, examinado e intervenido por todos los países, constituyese, luego, de común acuerdo, los graníticos cimientos del Derecho Internacional Público.
            Se comprende que Europa haya procedido así, al igual que la Liga de Naciones que es hijo legítimo de esos países que no quieren principios aceptados de Derecho Internacional. se trata de un continente enmarañado y avejetado, en que densas pandillas políticas viven de estos enredos.
            Pero no se comprende que América siga iguales pasos y vaya tras esos decadentes Estados como mansa oveja, siguiendo pasos absolutamente fuera de época y fuera de razón, también. América habla, especialmente por parte de sus cancillerías, de tiempos nuevos, de maneras americanas, de salirse de los enredos europeos; en una palabra: iniciar camino nuevo en la labor diplomática frente a frente de las ñoñeces criminales de la diplomacia europea.
            Si estas frases son sinceras –y nadie ni nada hace opinar lo contrario- hay que comenzar, con audacia suficiente, a echar las bases de un Derecho Internacional, que, por lo mismo que es así, no debe limitarse a América, sino que tener la sana y lógica pretensión de extenderse a todo el mundo, manifestando que esta es la concepción americana, no del Derecho Internacional Americano, sino del Derecho de Gentes.
            ¿Qué podrían recelar los pueblos de Europa? Que América no pasa por sus vaguedades, por que cada una llame Derecho Internacional a lo que le da la gana; porque continúe primando el egoísmo de cada país por encima de los fundamentales principios del Derecho Internacional público.
            Y sería curiosa la actitud de ese avejetado continente ante la América joven, elevando sobre sus cabezas –y sobre la soberanía de cada Estado- un Código moderno de Derecho Internacional. si Europa, avergonzada de su continuo proceder egoísta, aceptase este Código, América habría ganado una buena batalla por la justicia y la paz. Si Europa rechazase ese Código, allá ella, y nada por ello América perdía.
            La diplomacia nueva debe saber jugar libremente su papel. Pero a base de que haya principios básicos fijos de derecho internacional. Sin esto, no puede esperarse en manera alguna que lleguemos a tener diplomacia moderna que siente en el mundo las bases de nuevas maneras e influya, no en los enredos y las peleas como hasta aquí, sino en un reinado de paz y buena voluntad.

Diplomáticas
Diplomacia como oficio
La SI 11/05/40. p. 10
                                                    XL11