diplomáticas 40 07 y 08
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diplomáticas 40 07 y 08
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Diplomáticas Diplomacia como oficio XLV11 La SI 06/07/40 p. 11
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Diplomáticas Diplomacia como oficio  L La SI 17/08/40 p. 11
                                                 

            La invasión de varios países europeos por Alemania ha dado lugar a numerosos episodios pintorescos, algunos de ellos con ribetes de pequeña tragedia. En resumen, y como deducción general, podríamos ponderar la escasa personalidad  del personal diplomático de la mayor parte de países, destacado en Europa.
            Desde luego, un enorme porcentaje de ese personal ha arrancado como gamo y en condiciones desastrosas, en cuanto se han acercado las fuerzas alemanas. Lo cual es además de sus contrario a sus deberes, absolutamente descalificador. El personal diplomático está, entre otros fines, para la protección de los nacionales en un país determinado. Es evidente que esa protección se necesita, no en días de paz, sino en azarosas horas de guerras y  disturbios. Y mal podían proteger a los suyos como espiritados, de miedo al extranjero que llega.
            El personal diplomático, además, ha de haber actuado tan fina y justamente, que no ha de temer nada de nadie: ni del gobierno que cae, ni del invasor que entra. No ha de haber en su hoja de servicios nada que pueda ser objetado justamente por el invasor, el cual tendrá que respetar la situación diplomática del personal, según costumbres seculares. Y, de no hacerlo, éstos tienen el deber de exponerse, sin arrancar como liebres abandonándolo todo.
            No se ha tratado solo de arrancar, lo cual ha sido algo casi general: el gobierno francés, por ejemplo, a pesar de los tratos humanos por parte de Alemania, se encuentra en Burdeos con menos de la mitad de los representantes diplomáticos que vivaqueaban en París entre el Montmatre y Midinetilandia. Se trata, además, de circunstancias verdaderamente deprimentes. Un diplomático arrancaba a pie de Bruselas a Francia, habiendo sido encontrado en condiciones deplorables. Otro tomaba precauciones ridículas ante la posible persecución de las columnas avanzadas invasoras. Otro buscaba cualquier buque, a cualquier precio para atravesar el Golfo de Bizcaya y ganar Londres. Otro atravesaba fronteras con maletas conteniendo algo digno ser registrado y confiscado.
            ¿No nos añade el cable que los embajadores de Francia y Gran Bretaña en el Vaticano, viviendo al lado uno de otro, se han negado el saludo, debiendo ser vigilados por la policía del Estado Pontificio?
            Como se ve, se han perdido entre numerosos miembros del servicio diplomático mundial muchas cosas, entre ellas esa ecuanimidad que permitía antes a representantes de países enemigos, que se limitan a cumplir órdenes ajenas, a tratarse con galantería, poniendo en función aquella nobleza interior del caballero.
            Es la consecuencia de haber sido entregada esa función, tan esencial para el éxito de la política internacional de los Estados, a gentes incapaces, fruto de la politiquería, del favoritismo o del miedo que obliga a apartar a un amigo peligroso.
            Mientras la función diplomática quede subordinada a tan pequeñas finalidades, los Estados que de tal modo la prostituyan perderán sus pleitos.

Diplomáticas
Diplomacia como oficio
La SI 20/07/40 p. 12
                                               XLV111
            Hemos notado como la diplomacia aliada no había servido a sus países en todo aquello que era necesario saber para que estuviesen enterados y preparados en correspondencia con el estado de cosas en Alemania. El lector deducirá con qué mala mano la política francesa y británica escogía entre sus paniaguados inútiles a hombres que habían de llevar a sus países al