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Los entretelones de la caída del dólar. La zancadilla de la caída del dólar
La SI 01/05/33 p. 2-3

(crónica con fallas de impresión, que impiden leer varios párrafos)

            La prensa ha dado  
            (...)
            Una Conferencia Económica mundial había sido concertada por los principales países de Europa. Es solicitada la cooperación norteamericana  y el presidente Roosevcelt cree que sería necesario antes de reunirse en Conferencia hablar privadamente  y buscar la solución de ciertos puntos previos.
            Ese pensamiento de Mr. Roosevelt era absolutamente lógico. Se han celebrado, desde 1922, diversas Conferencias, paseando demasiadamente ministros y diplomáticos, con la conformidad única de los hoteles y del exhibicionismo pueril de tanta patrulla diplomática.  Han fracasado todas esas Conferencias. Los mismos problemas se dan hoy, agravando en mucho. ¿No era de temer un nuevo fracaso, aún por los optimistas? Para evitarlo en lo posible, el presidente de Estados Unidos convida a ciertas personas a conversar antes particularmente.
            Los problemas más agudos en estos instantes son tres: altos aranceles, las deudas de guerra, el desarme. En otras palabras: el colapso de la economía mundial, que creen algunos superficiales fruto de las murallas aduaneras aisladoras; la madeja enrevesada de las deudas de Europa a Estados Unidos, en la cual es parte ese otro problema de las deudas no de guerra de los países americanos  a la banca norteamericana; y ese absurdo monstruoso de un furioso armamentismo que ni Dios lo entiende, cuanto menos los infelices que han escalado por méritos  de camarilla política los más altos puestos gubernamentales del mundo.
            El enlace entre esos tres enredos está a la vista. “Sin ese armamentismo fulminante                -raciocina el senador Borah, hoy en capa caída- podrían esos países pagar sus deudas, no necesitarían vender al exterior para acumular oro y entregarlo a los acreedores. No les interesaría, por lo mismo, el que los aranceles fuesen altos o bajos”.
            En esa argumentación del famoso franco-tirador yankee hay mucho de infantilismo, pero no puede negarse que hay, también, un fondo de acierto. Los tres grandes hechos están íntimamente relacionados; si no por su misma contextura, como cree Borah, por lo menos por la manera de concebirlos aquellos que deben tratarlos. Y esto en la práctica viene a ser lo mismo que si estuviesen relacionados por virtud propia.
            Embarcan para Washington los grandes diplomáticos de los diversos países. Apenas están echando sus cuentas galanas en los puentes de los grandes transatlánticos, la noticia de que Estados Unidos ha abandonado el patrón oro les deja petrificados.

            a) La palabra “zancadilla es echada a volar. Ella envuelve un juicio de mala fe para el gobierno norteamericano.
            Completamente fuera de lugar. Y anda por caminos poco
(...)
económicas de la producción, y aún a las artimañas de un financierismo bursátil sobre el cual la marca de Gain debería ser pintada.
La razón capital de ese abandono del tipo oro estaba en la necesidad de vender. Mediante los altos aranceles, que tocan a las nubes, convirtiendo las naciones en castillos infranqueables, cada país impedía que los demás entrasen a competir con los productos nacionales en los propios mercados. Con la caída del patrón oro intentan malear la moneda propia ante los valores internacionales, y, por lo mismo, poner las propias mercaderías  en los mercados internacionales a precios inferiores a los de las similares mercaderías de los demás países.
La medida era tan natural para la mentalidad de esos economistas y políticos del derrumbe, como absurda. Domina en sus mentes –todavía- la superstición  consistente en que ellos son los listos y los demás los torpes; de que ellos tomaran una medida contra los demás países y los demás países no tomarán la misma, y otras medidas complementarias todavía, para defenderse de esas trampas paradas por los demás  alrededor de su producción.