sector internacional 33 06 04
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El Pacto número X. El Pacto de las Cuatro Naciones La SI 04/06/33 p.  3-4
La confusa osamentación de una nueva era. El actual caos económico La SI 04/06/33 p. 5

  (En un recuadro de la página 3 aparece copiado el “Texto provisional del Pacto de las Cuatro Potencias”, seis artículos)

 

En las horas en que estas líneas verán la luz, habrá sido probablemente firmado el llamado “Pacto de las Cuatro Potencias”, en el cual figurarían Italia, Gran Bretaña, Francia y Alemania.
            Las noticias telegráficas andan llenas de alusiones a ese Pacto, cuyos antecedentes y organización pueden darse en muy cortas líneas.
           
a) Hay que distinguir, primeramente, este Pacto de otros varios de que se ha venido hablando en estas últimas semanas.
            Se habló, primeramente, de un Pacto de Tregua Aduanero. En otro lugar de esas notas críticas (p. 5) aludimos a él. No tiene relación directa con ese otro Pacto denominado de las Cuatro Potencias. Aquel consistiría en un compromiso, por parte de todos los países –y no de cuatro solos- de no realizar aumentos en las cifras arancelarias mientras duren las Conferencias que van a realizarse en este mes de Junio.
            Se habló, luego, de un Pacto Antibélico, por el cual se obligarían algunos países de primera categoría a realizar un esfuerzo moderador de armamentos. Fue el Presidente Roosevelt quien hizo sentir la necesidad de esa tregua de armamentos, para cuyo éxito ha tomado, a veces, actitudes amenazadoras vis a vis de aquellos que, a su parecer, se proponían estorbar esa reducción  en los preparativos bélicos.
            Tampoco ese Pacto, aunque está relacionado con el de las Cuatro Potencias, se confunde con éste.
            Finalmente, propuso Mr. Mac Donald un Tercer Pacto, que llamó de Seguridad, cuyo objetivo capital sería ponerse de acuerdo las cuatro Potencias más importantes del Viejo Mundo para no hacerse la guerra durante un período determinado, sean cuales fuesen los motivos para que la hubiese, entregando la solución de los conflictos a un arbitraje.
            Es éste el llamado Pacto de las Cuatro Potencias, cuya redacción casi definitiva puede leerse aparte en un cuadrito de esta página.

b) Un antecedente, antes de pasar adelante. Como se verá, es de importancia capital.
Desde 1919 se ha hablado continuamente del desarme de las grandes potencias. Todas han seguido armándose furiosamente.
No dejaban de aducir razones, o, cuando menos, apariencias de razones. Ciertamente, que, para no cumplir cláusulas claras de un Tratado tan importante, habíase de aportar consideraciones que legitimasen, o excusasen al menos, ese incumplimiento.
La razón era ésta, sin variar jamás: cada uno de esos países se veía amenazado en su seguridad en el futuro próximo.
Ha sido inútil pretender hacer concretar causas, que mostrasen esa falta de seguridad. Callaban. Repetían, hablando en general, que no sentían seguros; que, por lo mismo, necesitaban armarse. Ha sido Francia la que principalmente ha confesado, año tras año, que sentía esa inseguridad. Y, mientras unos decían que, al hablar así, miraba Francia hacia Alemania, no faltaban otros que afirmasen que miraba hacia el canal de la Mancha; también, hacia los Apeninos.

¿Cuánto no se ha hecho para dar seguridad a esos países? No se ha logrado inspirarles confianza. Recuérdese un caso exactamente igual al de estos momentos internacionales. Cinco años atrás se llegaba en Locarno a conclusiones satisfactorias a este respecto. Teóricamente satisfactorias. Lasa grandes potencias se hacían solidarias unas de otras para asegurarse mutuamente la seguridad. Entraba Alemania en ello. Estados Unidos, que algunos desmemoriados creen que ahora recién entran en contacto con Europa, se hicieron solidarios de esa seguridad. Fue tendencia nueva del entonces presidente Hoover acentuar esa política, con aplauso  general, dentro y fuera de su país.

Firmóse el Pacto de Locarno. Era exactamente igual, en el fondo, que el que ahora se propone. ¿Cuánto no se dijo en su alabanza? ¿Cuántas idioteces no escribieron  plumas conocidas,