sector internacional 33 07 31

Ante el cadáver insepulto de la Conferencia Económica: una excursión por la región del vacío La SI 31/07/33 p. 1-3

 (extracto incompleto de la crónica)

            ¡Por fin! Los conferencistas de Londres, después de dos meses de perder el tiempo y malgastar millones, han determinado retirarse. ¿Concebís que en un escenario, se mantenga en las tablas un cómico fracasado, no teniendo siquiera la habilidad de retirarse, para evitar, siquiera, la lluvia de silbidos y denuestos? No han tenido en Londres, esa última habilidad los centenares de políticos, diplomáticos y economistas allí reunidos. Han permanecido en escena ocho largas semanas, insensibles a toda chacota e impermeables al griterío enorme que por todos lados los ha estado rechiflando.
            Hay cosas que tiran. ¿Qué les tirará a esos fenómenos, que lo son, cuando menos, por carecer de sentido común?
            Ochenta años atrás se discutió mucho en Europa sobre si existía o no, el vacío. Unos –astrónomos, generalmente- decían que ni existía ni podría existir. Balmes decía que el vacío era un “imposible absoluto”. Otros –físicos por el lado ocular y táctil- afirmaban que el vacío podía existir y realmente existía. Y unos terceros puestos a arregladores de desavenencias, sostenían que existía el vacío teórico, pero no el práctico, llenando los vacíos ese misterioso éter que ellos inventaron.
            Si aquellos distinguidos físicos y filósofos hubiesen vivido, cien años después, hubieran podido ahorrarse mucha tinta. Se hubieran convencido de que el vacío absoluto existía. Les hubiera bastado asistir a la Conferencia Económica de Londres. Y el más reacio hubiera quedado satisfecho.  (p. 1 col. 1)
(...)
            Terminemos, por hoy. La Conferencia muerta y no enterrada requiere otras consideraciones. Basta hoy lo dicho. Marea excursionar por las regiones del vacío. Y pocas veces se habrá visto nada más sin substancia y vacío que esa famosa Conferencia de la cual solo se sacará beneficioso un corolario, entre cien perniciosos: que las gentes se habrán convencido más y más de la necesidad de arrinconar tanto sabio economista, tanto sabio político y tanto sabio diplomático como viven parasitariamente sobre la humanidad.  (p. 3 col. 4)