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En las maniguas de la selva humana Homo homini lupus La SI  28/12/35 p. 15-16

(ver también Homo Homini Lupus. ¿A dónde va el mundo hecho una manada de fieras  La SI 27/10/34 p.8-11)

            “Fin de año. ¿Qué juicio puede darse como resumen o término medio de lo que durante él ha acontecido?
            Es interesante probar de analizarlo, hundiendo en las entrañas del año avejentado que está agonizando el frío bisturí.
            En la primera página de este número hay un grabado simbólico. Es lo que gráficamente queríamos expresar. El 1935 ha sido un año acaparado por el MIEDO: por el miedo de los buenos y por el miedo de los malos. El lobo humano ha andado suelto.
            Veámoslo.

Prólogo

            Hay que aceptar una distinción que hacen algunos, y que realmente parte de la realidad viva. Es ésta, que el lector deducirá de las declaraciones de que vamos a tomar nota.
            Roosevelt, el eminente presidente norteamericano, ha dicho así en uno de sus discursos desafiantes: “en nuestro país, hace años, y aún décadas, que pueblo y gobiernos marchan en completo desacuerdo. Hay, de por medio, la ficción electoral, la cual muestra a los ingenuos que los gobiernos eran elegidos por el pueblo. Pero el hecho es que, en el mundo vivo –que no es el de la política- pueblo y políticos han marchado de espaldas”.
            Pío Xl, en una alocución pública, hablaba así: “Los pueblos, cansados de sangre y de discordias, anhelan profundamente paz. El ideal cristiano les hace comprender lo inicuo de una guerra para dirimir humanas disputas. Es de desear que los gobiernos que suelen tirar por caminos distintos del popular, oigan, por fin, esa voz y quieran apartarse de ese camino de muerte que son las discordias y las armas. Si los gobiernos se atuviesen al deseo popular, la paz reinaría sobre los hombres...”
            Stalin, en un discurso a los Comisarios y delegados del pueblo, decía: “en el extranjero se oye la voz, muchas veces, condenadora de nuestra dictadura. Los que así hablan, confundiendo el bien común con la politiquería de grupos, habrían de comprender una vez más que la máquina electoral de la burguesía occidental es el instrumento por el cual se apela a un fantasma de pueblo, a una minoría, y todavía idiotizada por lugares comunes y espejismos engañosos”.
            Vásquez Mella, el elocuente orador cristiano, exhibía un largo trabajo, cuya esencia es ésta: “los gobiernos surgidos de las urnas individualistas son esencialmente antipopulares y antidemocráticos: Tienen ellos lo que llaman mayoría –que no es más un porcentaje ridículamente chico  de ciudadanos. Y, aunque lo fuera, tienen la mayoría política, lo cual no es tener la mayoría social. Contrariamente, gobiernan contra esa mayoría social, que es la verdadera mayoría”.
            Charles Bénoist ha escrito: “el sistema parlamentario individualista es a propósito para que los gobiernos puedan realizar en nombre del pueblo todo lo contrario de lo que el pueblo anhela”.
            Hemos aludido a unos pocos grandes cerebros, cada uno de los cuales lleva, por razón de cargo, una enorme responsabilidad social, para sentar un hecho que se respira en la atmósfera de estos instantes más que nunca: que pueblos y gobiernos marchan en desacuerdo, aunque se dé el absurdo de que los últimos son elegidos por los primeros.
                                                                       *
            ¿Podríamos negar este hecho? Solo un cerebro desacostumbrado a la constatación de hechos podría hacerlo. Se trata de una evidencia, lo cual no quiere decir que algunos no la noten: para ver, no basta que una cosa exista y esté ante los ojos. Se necesita, también, capacidad de ver. Y no fue un leso, sino un gran psicólogo, quien escribió: “hay hombres que ven todo lo que no hay y no ven nada de lo que hay”. Los médicos conocen ciertas enfermedades que de este modo transponen los sentidos. Y los sociólogos saben que