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El cadáver insepulto de Ginebra La SI 18/12/37 p.1-8

1. Un cadáver en apuros
            Como todos los septiembres, este año la Sociedad de Naciones se reunió en Ginebra en Asamblea General. Asisten a ella unos 55 Estados soberanos –más o menos soberanos-. Entre los que no forman parte de la entidad internacional se cuentan, por orden de importancia, Estados Unidos, Alemania, Japón y Brasil, con un total de unos 400 millones de habitantes. Recientemente anunció su retiro Italia. Unos 1.700 millones abarcan los países adictos a la Liga.
            A pesar de ello, Sociedad cadáver. En pocas publicaciones se ha hecho campaña más constante y cimentada que en la nuestra, acerca de las ventajas de una entidad mundial y de las razones mil que militaban para comprender que la de Ginebra forzosamente debía ser débil y poco efectiva. Pero la niñez no es la decrepitud, aunque en ambas edades la debilidad prime. Y, por estudios prácticos que en estas columnas las circunstancias nos han obligado a hacer, hemos podido ver cómo la Sociedad ginebrina ha devenido cadáver.
            Insepulto. En la fantasía de los altos empleados de la entidad anidan ansias de grandeza. Ahí está, por ejemplo, ese edificio, que, por su modernidad y grandiosidad, merecería albergar algo más que una legión de insectos burocráticos que se alimentan de un cadáver.
            Han caído ahora sobre Ginebra, como si quisieran hacer burla de su absoluta impotencia, problemas de primera fila. El reconocimiento de la conquista italiana en Etiopía. La acusación de España contra Italia, cuyo ejército pelea en España contra Valencia. El problema palestiniano. La acusación china contra la evidente invasión japonesa. Cuatro problemas, por no nombrar más, de los cuales uno sólo sería suficiente para ocupar toda una Asamblea, si se tratase de un estudio serio, de delegados hábiles e independientes, si se aspirase a resolver de veras alguna cosa, y no a entretener al público con saltos de saltimbanquería ejecutados al pie de un precipicio.
            El cadáver está en apuros. Se ha hecho lo posible para quitarle de encima la mole de esos problemas candentes. No ha sido posible. Etiopía, España, China, Palestina, han irrumpido gritando, turbando la paz de cementerio de esa venerable momia ginebrina. Y, quieras o no quieras, ha tenido que encararse con algo serio.
            Cómo lo hará para no tratar nada, escamoteando las cuestiones, será el imprevisto previsto de esas sesiones.

2. Una distinción
            La hemos hecho en varias ocasiones y la imparcialidad nos fuerza a repetirla cada vez que la Sociedad de Naciones ha de ser seriamente autopsiada. Se refiere a separar la propiamente hablando Liga política, con su Consejo, su Asamblea y su Secretaría –tres enormes aparatos y una sola vaciedad interior- de la Oficina Internacional del Trabajo, a cuya sombra numerosas comisiones técnicas están estudiando los más variados y graves problemas del Trabajo, la higiene, la educación y la economía mundiales.
            Lenta es –demasiado- la labor de esa Oficina. No por esto menos efectiva. Sobre los problemas del trabajo propiamente dichos ha realizado hondos estudios, poniendo paritariamente en contacto a trabajadores, empleadores y técnicos. Durante los tres últimos años, la reducción sistemática de las horas de trabajo ha sido tratada extensamente. Y si nosotros, desde estas columnas, nos habíamos avanzado en diez años a sus conclusiones, no por esto son menos apreciables sus esfuerzos, que van tocando frutos no pequeños.
            Lo mismo podríamos decir respecto a la higiene, en cuya zona se ha avanzado no poco, especialmente en lo que se refiere a las drogas heroicas y enfermedades contagiosas.
            La labor de la Oficina Internacional del Trabajo es meritoria. Era necesario unificar esfuerzos desde los distintos puntos de vista sociales, económicos e higiénicos. Y ese vacío lo ha llenado Ginebra con apreciable voluntad.
            Para nosotros es interesante el que en esas asambleas sobre problemas no políticos se haya ideado –y realizado- el ideal, tantas veces explanado en estas columnas, de la tripartición igualitaria de los factores