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Paz en la Tierra. Pío Xll y Roosevelt ante las finalidades de los beligerantes
La SI 30/12/39 p.1-7

            En medio de la refriega gigantesca de esta Gran Guerra –dos enormes mammuts, cabeza contra cabeza, forcejeando para derribarse mutuamente- y de esa pequeña refriega ruso-finlandesa en que los ayes de más de 20.000 víctimas están asaeteando el espacio que debería ser de blanca paz pascual, surge una voz serena que clama por la paz. Es la blanca paloma que cruza sobre el fondo gris de los odios desencadenados, salida del mismo escudo papal (“Paz según Justicia”) o, lo que es lo mismo, del centro mismo del corazón de Pío Xll.
            ¿Qué significa esa iniciativa pontificia? ¿Qué representa el verse reforzada por Estados Unidos, o, para mejor hablar, por el Presidente Roosevelt? ¿Qué probabilidades tiene de éxito ese ramo de oliva papal, levantado en la lejanía moral de la guerra por la mano recia del solitario del Vaticano? ¿Será oída la voz supernacional en la Tierra de la Muerte, que separa las líneas Maginot y Siegfried o, cuando menos, en las heladas trincheras de la línea Mannerheim?
            Quisiéramos enfocar sobre ese llamado doble del Pontífice y del Presidente Roosevelt la luz serena de la razón, para poder medir su posible eficacia en un futuro más o menos próximo.
           
            El Papa anhela la paz. Y no ha de encontrar esa afirmación , al menos superficialmente, un rechazo. En el mundo todos anhelan la paz, si hemos de pensar según palabras y fraseologías Y todos gritan, que no dicen, que la paz es su único objetivo.
            Alemania hace veinte años que dice lo mismo. No está dispuesta a vivir en la continua lucha a que la había sometido ese Tratado de Versalles, obra de retardados, que no preveían que, no sólo no concluía la guerra, sino que traía otra peor. Alemania dice buscar la paz, y sólo por ella quiso eliminar ese absurdo Estado polaco que, imperializando tiránicamente sobre 16 millones de ciudadanos no polacos, era una guerra continuada.
            Francia quiere la paz. En su último discurso, M. Daladier decía: “No cejaremos en esta guerra hasta que esa continua amenaza de guerra que representa Alemania quede completamente eliminada”. Francia, a pesar de haber estado en guerra centenares de años, durante los últimos mil, no desea más que la paz.
            Gran Bretaña quiere también la paz. Así lo explican constantemente, no sólo M. Eden y Mr. Chamberlain, accionistas de la Chemical y de la Armstrong, sino hasta ese dogo de Mr. Churchill, que no parece sino un obús andante. El Ministro Lord Halifax decía recientemente: “Sólo para encontrar una paz durable hacemos la guerra”.
            Hasta aquí habría concordancia. Quiero decir concordancia fraseológica. Por lo demás, era lo mismo lo que sucedía durante la pasada gran guerra. Todos buscaban la paz. Y cuando Benedicto XV, de buena memoria, les mostraba la rama de olivo, la recibían todos con salvas de metralla. Sin embargo, esas salvas de metralla estaban dirigidas a hallar la paz...
            Para una paz larga se hizo la guerra y se confeccionaba, luego, el Tratado de Versalles. En cada página de ese Tratado había escrito con grandes letras visibles: Pax. Pero en medio mismo, con tinta invisible, las palabras Odio y Guerra ocupaban toda la amplitud de cada página.
            La paz es buscada por todos. No hay quien no eleve la rama de olivo, y, si es necesario, un olivo entero.  Sólo que, cuando las ramas de olivo son muchas y tupidas –cuando se habla mucho de paz-  hay que mirar cuidadosamente si, debajo de ellas, se oculta la guerra. La víbora se esconde bajo la hierba florida, solía decir el sentido común de los romanos.
            De ahí que el Papa no se haya limitado a gritar Paz. Habría podido ser catalogado entre los mártires o los santos Inocentes, pero no entre los sabios Padres y Confesores. Al hablar de paz, se ha sentido obligado a sentar sus bases.
            Es que, cuando se habla de Paz, los hay que la desean sinceramente; y los hay que la desean para sí, aunque sea haciendo la guerra al mundo entero. Hay paladines de la paz y simuladores de la paz.