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Primer fracaso de la nueva Sociedad de Naciones (Conferencia de Londres, el Consejo de Seguridad) La SI 09/02/46 p. 3-4

            a) La vieja Sociedad de Naciones fue un fracaso. Pero no lo fue a causa de dificultades acumuladas durante los 25 años de su “inteanido” (sic) funcionamiento. Fueron lacras ingénitas, que producían un funcionamiento tan anormal, que la entidad venía organizando desde la hora misma de su hipócrita nacimiento.
            La vieja sociedad ginebrina no metía mano que no equivaliese a meter la extremidad inferior. Asunto que trataba, asunto perdido, como no fuese asunto agravado. Fue aquella entidad el fracaso más descomunal de la política inglesa y francesa en conjunción, aunque el Sena supeditado siempre al Tamesis.
            Ahora mismo ¿hay alguien que sepa si vive esa singular Sociedad de Naciones? Nadie, ni los padres mismos de la criatura. Es una entidad que tiene incluso bienes mostrencos. En solo Ginebra posee un palacio que cuesta al mundo (el mundo pagano lo pagaba; los ingleses y franceses lo usufructuaban)  no menos de 50 millones de francos, amén de innumerables bienes menores. Los dueños de esa riqueza ni siquiera han sido, ni serán, convocados. Se apoderará de ellos la nueva Sociedad de San Francisco, y Dios nos guarde de conocer cuánta trampería mediará entre esos dos hitos internacionales: los bienes de la sociedad de ayer y la posesión de ellos por la sociedad de hoy. Que no será, ciertamente, la de mañana.
            Cuando la antigua sociedad era llamada a resolver algún conflicto, podía asegurarse, ya previamente, que ese conflicto iba a agravarse extraordinariamente. Cuando trataba de Danzig, establecía los acuerdos más absurdos y el problema danzigiano quedaba agravado. Y así de los demás, cuya historia estará en la mente de todos.
            La nueva Sociedad de Naciones ha de pasar por los mismos entredichos de la antigua. Con una diferencia: que, estando ahora peormente organizada, agravados todos los defectos de la madre, los efectos van a ser ahora mayores. Y con otra diferencia accidental: que en la antigua, los manipuladores eran Gran Bretaña y, bajo su batuta, Francia. Mientras que en la actual, los amos son Estados Unidos y el Soviet, y Gran Bretaña a medias, bajo la batuta yanqui.
            Se ha reunido ahora por primera vez en Londres la nueva entidad. Su objetivo era doble: 1) nombrar comisiones y comisiones, para engatuzar a todos con medallitas, puestecitos, presidencitas, pequeñas vanidades de tipo femenino 2) disparar chorros de palabrerías, brindando al mundo, siempre babieca, largas longanizas de retórica, un centón de banalidades y varios castillos de fuegos artificiales, a base de la pirotecnia más polícroma y chispeante.
            Es decir, los viejos moldes: halagar vanidades de los chicos para que, a fuerza de halagos, vendan a sus patrias,  sin saber siquiera que las venden; y satisfacer la bobaliconería mansoide de las multitudes, que nunca ha han sido tan plenamente engañadas como ahora, en los días del necio alfabetismo fanático. 
            Pero, a los planes de los “grandes”, que limitaban las sesiones a esas dos finalidades de tocador y espectáculo, se ha atravesado la sinceridad, no exenta de malicia, de algunos pueblos primitivos, que afectados por problemas, no se han contentado con la pirotecnia y el rouge. Y han planteado a la entidad reunida algunos problemas propios, que han puesto algo nerviosos a los autores del programa previamente convenido. El Irán –la vieja Persia- ha querido someter su pleito con Rusia, a las deliberaciones de la Asamblea. Inmediatamente,  Rusia y Ucrania (Rusia número 2) han planteado el mismo problema, pero referente a Grecia y la Indonesia. ¿Por qué razón –dicen los persas- el Soviet ocupa una zona iránica, expulsándonos de esa región? ¿Por qué razón –añaden los soviéticos- Gran Bretaña ocupa Grecia y Java, matando a medio mundo con sus ametralladoras, mudas durante la guerra mundial?

            b) Notemos, ante todo, la miseria de esa protesta iránica, de índole netamente egoísta. Rusia ocupa su región noroccidental, alrededor del lago Tabris, poblada por razas distintas completamente de la persa. No discutimos sobre si Rusia tiene derecho a segregar esa zona y, so