sector internacional 46 10
Índice del Artículo
sector internacional 46 10
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7

Se cierra la primera Conferencia de “Paz” La SI 19/10/46 p. 1-4

 

            a) Después de ¿cuántos meses? la Conferencia de los Tratados de Paz se ha cerrado.
            ¿Tantos meses de Conferencia? No. ¡Tantos meses de charlatanería y de engaño al público!
            El que ha sido presidente de algunas sesiones, ministro Spaack, ha dicho, entre otras cosas interesantes: "He asistido a centenares de Conferencias y asambleas internacionales. Jamás había visto más charlatanería inútil, más juego de manos, más grandes fraseologías, más hipocresía y más errores... Hablo de lo que he visto... Y más apariencias democráticas: los 3 caballeros resuelven como les gusta lo que quieren, así sea la mayor aberración. Y los desgraciados que votamos, no somos más que el sello de agua que certifica y respalda el despotismo y la dictadura de esos señores...". Las frases son gráficas.  Pertenecen a un aliado y a un Presidente de la Conferencia misma. Mayor autoridad es imposible buscarla.
            El juicio parece muy duro. Es lo contrario. Quien observa desde la tribuna encuentra ese juicio duro. Quien asiste a los entretelones de la comedia, lo halla, como juicio, blando y moderado.
            Un periodista que ha asistido a todas las sesiones (menos a las que lo han rechazado)escribe, como final de un largo artículo en el cual analiza –demasiado benignamente- la labor hecha y cómo se hizo: “El mundo sale completamente desilusionado de esta Conferencia. En medio de charlas interminables se han cometido los más grandes errores. Esperaba el mundo una Conferencia de Paz y unos hombres nuevos y elevados, y ha encontrado una Conferencia para una nueva guerra y unos hombres cuyo ideal, si tienen alguno, está lo más alejado posible de la ecuanimidad”.
            Estimamos, con la opinión aliada, que se trata, pues, de una Conferencia fracasada completamente y de unos políticos indeseables, que no están a la altura de los tiempos que vivimos y de la época de renovación que estábamos esperando. ¿Para qué demostrar eso, si los amigos de los conferenciantes lo confiesan paladinamente?
            Está el quid de la cuestión (aparte la evidencia de ese fracaso) en las características de se fracaso. Las más importantes intentaremos señalarlas a continuación.
            Nada de observar acerca de la imparcialidad que preside a estas críticas. Somos lo suficientemente viejos y conocidos, para que se atengan todos al criterio de imparcialidad nuestro, del cual no nos saca nada ni nadie, y menos los apriorismos que puedan enmarañar la labor crítica.

            b) Primer carácter de la Conferencia ha sido, como ha dicho Smuts, la charlatanería.
            El siglo XlX fue centuria de aberraciones y fanatismos. Y entre los mayores estaba el que suponían en la raza hispana (y sus descendientes) de parlanchines; y, viceversa, de austeros en palabras y repletos de acción a los demás pueblos.
            Tontería más evidente no podía ser enunciada. La experiencia dice que la mayor garrulería es propia de los políticos de los pueblos que creíamos –no sé por qué- callados y cáusticos.
            Los discursos de aquellos políticos –uno se ha de darse el desplacer de leerlos- no solo son largos en palabras, sino pobrísimos en ideas y huérfanos hasta de la sombra de razones. Se repite veinte veces lo que han dicho otros en la misma sesión y se repite uno a sí mismo. Una abundancia de palabras asombra en quién los lee, que los cree –fanatizado por lo que lee y se dice- parcos en palabras y severos en dicción, y se encuentra, cuando analiza fríamente, con la charlatanería más superflua.
            Pasaba lo mismo en las Conferencias infinitas habidas detrás de la primera guerra mundial, en que tanto se dijo, tanto malo se hizo y tanto bueno dejó de hacerse. Los oradores de las razas “parcas”, discurseaban a troche y moche, hablando por los codos y soltando para cada cuestión –a veces artificial- el chorro de su verba interminable. En cambio, los políticos habladores de la hispanidad y sus suburbios estaban en el frente contrario a toda charlatanería inútil y a toda fraseología de que tanto gustan los pueblos ajenos a la hispanidad y sus suburbios.
            Esto queda reflejado en la prensa de esos países, que siguen corderilmente los hábitos de sus políticos. Hemos hecho un estudio de los textos y titulares de esa prensa, que,