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El embrollo territorial de la incapacidad organizada La SI 30/11/46 p. 1-5

1.- La falta de organización
            El siglo XlX –de cuyas ingratas ruinas seguimos viviendo- cometió graves pecados. El principal, porque fue pecado “contra naturam”, fue la unicidad, como criterio, del Cerebro; de la cual unicidad se dedujo el falso y estéril ideal de la paz;  por tanto, de una paz puramente teórica, porque no tenía aliento vital.

            La Edad Media, en medio de sus innegables miserias, tuvo un acierto, que estamos resucitando ahora, tomar como móvil y como instrumento, no el cerebro en unicidad, sino la Vida.
Toda aquella Edad está en revisión, y es inútil que los últimos fanáticos del modernismo se agarren a una nube para no caerse. Tantas cosas nobles de aquellos días (entre ellas, la política y sus contrafuertes) habrán de resucitarse ahora, si queda en la humanidad un hálito de auto-defensa. Pero, entre lo resucitable, nada más noble –y para la efectividad de la concordia, nada más fecundo- que la Integralidad del Hombre, puesto en actividad “todo él”, dando como acabado el período del Conocimiento cerebral como móvil único.
            Los siglos medios supieron dar a la Razón su puesto y reconocer sus fueros. Se guardaron bien, sin embargo, de ponerla reina exclusiva, rodeada de los demás poderes que en el hombre habitan como esclavos. Al lado del Razonamiento cerebral, supieron reconocer el reinado del Corazón, de los Sentidos, de lo Intuitivo, aún del Misterio, a pesar de que los misterios entonces eran mucho menos abundantes que los de ahora. Sabían reconocer al Hombre como un Equilibrio, hacerle operar en Integralidad, poner a la persona entera en su trono; y, según ese criterio integralista, enfocar los actos humanos: desde los misterios interiores del individuo, que parecen chicos, hasta los grandes problemas que afectan, por públicos y universales, a la humanidad entera.
Cuando de intentó  romper ese equilibrio, vino la ruina. Igual que el declive, otrora, de la vida griega, que se vino abajo, cuando dejó de ser Vida, para convertirse en “logos”, idea, ciencia y falacia. Igualmente, de la robustez del Escolasticismo de Lulio, San Anselmo, Averroes y del gigante Tomás de Aquino, que, munidos del Integralismo, llegaban a las nubes de la ciencia viva, se da el nuevo mal paso, de atender unilateralmente, el logicismo, la Metafísica y la Astucia dialéctica. Y el Escolasticismo, por éso sólo, sucumbe en una gris y moribunda decadencia.
Viene la reacción, y, aunque gana en claridad y en sentido común, no gana en integralidad humana, en rechazar la unilateralidad en el hombre, tornando la complejidad y la totalidad humana.
            Caracteriza la reacción Descartes, y –cosa notable- para eliminar el defecto, lo acentúa más todavía. Sabido es que el filósofo francés negaba la integralidad del hombre, poniendo en él partes esenciales como puramente accidentales, a las órdenes de la Razón. ¿No era el hombre, para él, “un alma servida por órganos”, negando desde la raíz misma de la ciencia la unidad compleja del individuo?
            ¿No rompieron ese mismo equilibrio y esa integralidad los materialistas, al deificar el cerebro como fuerza material y única, en la conducta humana?
            El hombres en un ser organizado, es decir, múltiple en unidad. Y esa organización es lo que no supieron ver –por lo mismo, lo que no supieron respetar- los unilaterales de nuestro tiempo.  No acertaron a ver que, en el hombre,  no hay solo una facultad, ni tan solo varias facultades iguales en dignidad, sino que hay, igualmente, la “organización de las facultades entre sí”, para que puedan dar una resultante aceptable.
            ¿No ha fracasado la misma pedagogía, que, en vez de guiar (“e-ducere”) al hombre, lo ha mal conducido por los yermos del intelectualismo, como si el “intelecto” fuese el hombre total? No hacemos ahora inauditos esfuerzos para llevar la educación por mejores rutas, retornando a lo integral y alejándonos a pasos largos de ese mamotreto pedagógico –antipedagógico- de la escuela intelectualista?
            El mundo del XlX, lleno de pecados, ha fracasado en parte capital, por uno de ellos: no ver la objetividad humana, que es organizada; y no saber tratarla como organizada que es.
            En política ha sido la visión falsa de unilateralidad lo que la ha tornado principalmente infecunda. Ojos enfermizos –de aquellos que, según Balmes, ven en una cosa todo lo que no hay, y